Envejecimiento y factor tiempo


El Gobierno ha creado un comisionado para diseñar la estrategia demográfica de España, urgido entre otras razones por el creciente déficit de la Seguridad Social (SS), cuya nómina de pensiones supone 40.000 millones anuales más que en 2007. Sobre esto, el reciente informe FEDEA es alarmante: el envejecimiento sin nacimientos multiplicará por cuatro el déficit de la SS, que ni con pleno empleo podría evitarse. 

La idea del comisionado es pues acertada, aunque el demonio siempre está en los detalles. Así, los japoneses han ido incluso más allá, nombrando un ministro Encargado de la menguante natalidad -for Measures for Declining Birthrate-. Katsunobu Kato, se llama. Es economista y padre de familia numerosa, por lo que no debe ser tan buen economista doméstico, dado lo oneroso y nada rentable que resulta criar un hijo. Desconocemos los méritos en el caso español.

España no es Japón. Por su envejecimiento, Japón acumula la deuda pública más alta del planeta, con un 230 % del PIB, pero puede sostenerla sin mayores agobios al ser una potencia industrial y tecnológica de primer nivel, gracias a que invirtieron en formar a sus más brillantes jóvenes en las mejores universidades y escuelas de ingeniería del mundo durante la segunda mitad del XIX.

De eso viven aún. Pero como su capital humano se deterioraba desde hace tres décadas, reaccionaron de manera tan pintoresca, y por lo que se ve da modestos resultados, aunque peor es no darlos.

La fecundidad japonesa llegó en 2015 a 1,46 hijos por mujer, que es casi la media europea de la última década, muy por encima de la española, por no hablar de la asturiana, gallega o canaria, que son las fecundidades más deprimidas de la UE: hijo único.

Nosotros estamos bastante peor que Japón. Tenemos menos deuda -rozamos el 100 % del PIB-, pero carecemos de sus fundamentos, su competitividad y su crédito, yendo hacia atrás en fecundidad.

Pero al menos empezamos a reaccionar, cosa que no hicimos antes, durante las dos décadas previas, cuando hasta la Comisión Europea nos advertía de los riesgos. Superamos así la disautonomía demográfica.

Sin embargo, el comisionado gubernamental debe ser una somera etapa. Como se perfila en http://leydeimpulsodemograficodeespana.blogspot.com.es/, la institución idónea que se ocupe de este problema ha de ser una Comisaría General, al estilo francés, país que es el único que ha mantenido su vigor demográfico, mientras otros -Alemania, Italia, España…- han incrementado su senescencia. Según el DRAE, un comisionado es el encargado de una comisión, mientras que un comisario es la persona que tiene poder y facultad de otra para ejecutar alguna orden.

Suele decirse que lo óptimo es enemigo de lo bueno, aunque incluso lo bueno debe aspirar a mejorar, porque aquí nos jugamos el bienestar del país y de sus ciudadanos.

Al arrancar más tarde y adolecer del músculo económico nipón, España tendrá que avanzar mucho más rápido y con mejores terapias.

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