Un elefante se pasea por el Senado y nadie lo ve


El martes asistí en el Senado a la Conferencia de Presidentes Autonómicos. Y allí viví una experiencia casi paranormal. Un enorme elefante se paseaba a sus anchas por los pasillos de la Cámara alta sin que nadie pareciera advertir su presencia. Pese a lo aparatoso de la situación, todos actuaban con naturalidad, como si nada sucediera. Poco después vi al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y a los presidentes autonómicos sentados en una mesa con forma de U. Y, en medio de todos ellos, allí estaba otra vez el descomunal paquidermo, sin que nadie le hiciera el mínimo caso. Pronto comprendí lo que sucedía. Después de cinco años sometidos a la tortura de que el inefable procés acapare cualquier debate político, han encontrado una solución radical. Ignorarlo por completo y actuar como si no existiera.

Solo así se explica que tanto Rajoy como los presidentes de quince comunidades insistieran el martes en invitar amablemente al presidente catalán, Carles Puigdemont, a sumarse a la negociación de un nuevo modelo de financiación solo unas horas después de que este enviara una carta -plagada, por cierto, de faltas de ortografía- en la que los calificaba a todos ellos de farsantes y advertía que él no tiene nada que pactar, porque lo único que desea es ratificar con Rajoy, a solas, la independencia de Cataluña.

El estrafalario Puigdemont no es precisamente una lumbrera. Pero hay que reconocerle que, en este caso, es el más coherente. Porque malamente podría sumarse a la negociación de un modelo de financiación que, en el mejor de los casos, no entraría en vigor hasta el 2018, un señor que asegura con toda solemnidad, y sin que se le mueva un pelo de su frondosa melena, que en el 2017 Cataluña será un Estado independiente. Pero parece ser que Rajoy y el resto, además de no ver, no oyen. Y, por eso, siguen sonriendo y nos explican que si Puigdemont no fue al Senado será porque tenía tos. No pasa nada. Ya pactamos entre nosotros esto de la financiación y luego le pasamos los apuntes. A mejorarse. Todos saben que es imposible acordar nada sin que Cataluña lo apruebe, pero actúan como si no lo fuera.

Toda esta farsa tendría su gracia si no fuera por un pequeño detalle en el que Puigdemont y su conmilitón Oriol Junqueras ya no resultan ¡ay! tan coherentes. Porque, aunque asegure que en unos meses Cataluña será independiente, la Generalitat le acaba de pedir al Estado 7.400 millones de euros a interés cero con cargo al Fondo de Liquidez Autonómico (FLA), nutrido con dinero de todos los españoles. Y el Gobierno no dice que no. Eso supone que Cataluña se lleve la cuarta parte de los fondos previstos para todas las comunidades. Con ese dinero, los españoles pagamos entre otras cosas los bonos patrióticos emitidos por la Generalitat, que las agencias califican como basura. Desde el 2012, Cataluña ha recibido 57.000 millones del FLA. Y nadie nos explica cómo los va a devolver si se declara independiente. Ese es el elefante. Podemos fingir que no lo vemos. Pero está ahí. Y es enorme.

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