La conciliación: ¿una inversión rentable?


Profesor de Economía de la UDC y becario de la Fundación Barrié en el Reino Unido en 1997

La familia es una institución que realiza múltiples funciones de interés social, entre las que destaca su papel en la reproducción y la educación de los hijos, un aspecto íntimamente ligado a la conciliación de la vida laboral y familiar.

La natalidad es un problema que preocupa cada vez más, especialmente en regiones como Galicia. Toda vez que un 40 % de la producción de un ciudadano medio se destina al pago de impuestos y contribuciones sociales, la reproducción y las inversiones en capital humano adquieren una importancia social. En este contexto, tiene sentido el eslogan de algunos Gobiernos animando a las parejas a tener «un hijo para ellos y otro para su país». Más aún, puede también en ciertos casos resultar rentable para los Gobiernos invertir en el fomento de la natalidad y la educación.

La decisión de la maternidad está altamente influida por los costes de la misma, entre los que destacan los costes laborales, especialmente para las mujeres. Existen estudios que observan un aumento del 9 % de las ganancias a lo largo de la vida de las mujeres americanas por cada año que retrasan la maternidad, y otros sugieren que este efecto es más acusado si cabe en Europa continental. Es aquí donde entra en juego la conciliación de la vida laboral y familiar como factor de reducción de estos costes.

Las políticas públicas de fomento de la conciliación, desde la provisión de servicios de guardería hasta la reglamentación de permisos y horarios, pueden reducir estos costes, pero en ocasiones pueden también suponer una carga para la competitividad de las empresas. La aplicación de estas políticas a nivel nacional o subnacional es especialmente arriesgada, puesto que la libre movilidad de trabajadores en Europa (la posibilidad de emigrar) no garantiza que la inversión en capital humano vaya a revertir en la propia región que soporta los costes, cuyas empresas pueden quedar en inferioridad de condiciones frente a la competencia exterior. Por este motivo, algunas de estas políticas están ya armonizadas a nivel de la Unión Europea.

Pero la conciliación no tiene por qué ser siempre una imposición costosa para las empresas y, de hecho, algunas ofrecen voluntariamente este tipo de ventajas a sus empleados. El motivo puede que no sea uno puramente de imagen, toda vez que existen estudios recientes que demuestran una relación positiva entre la paternidad y la productividad de padres y madres en ciertas ocupaciones. Ofrecer ventajas en términos de conciliación podría actuar así como un instrumento de screening en la selección de personal.

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