Qué difícil es ser líder


Liderar un partido y ejercer el mando para llevarlo por donde uno entiende que es el camino del éxito, no resulta nada fácil. Que se lo pregunten a Rajoy, que a punto estuvo de ahogarse hasta que Barberá y los suyos lo rescataron de las aguas de Valencia. O a Pedro Sánchez, que el pobre aún no logró que le encendiese el coche para dar la prometida vuelta a España.

Pablo Iglesias ha descubierto ayer mismo lo difícil que es y los sinsabores que entraña llevar una formación política de la nada al éxito electoral y tratar de imponer sus ideas. Íñigo Errejón y 300 cargos políticos, con nombres significativos de Podemos, se le han sublevado y disienten radical y abiertamente de las ideas del líder sobre estrategia política y modelo organizativo.

No es la primera ocasión en la que Iglesias topa frontalmente con Errejón que, puede que por su cara de no haber roto un plato, goza de un alto reconocimiento tanto fuera como dentro del podemismo. Los encontronazos se vienen sucediendo desde hace tiempo y la brecha abierta entre uno u otro es tan grande que, a decir de quienes conviven con ellos, motiva que los diferentes equipos ni se dirijan la palabra.

Podemos debe gran parte de su éxito, al margen de las circunstancias sociales en las que surgió, a la figura de Pablo Iglesias. Fue él quien encandiló a millones de españoles con el discurso de la casta, rescatar a los ciudadanos y asaltar el cielo. Pero todos esos méritos iniciales parecen haberse evaporado y los últimos meses no han sido muy favorables para el líder. Una cadena de errores de comunicación y de estrategia, algunos incomprensiblemente infantiles, y otros de gran calado, como impedir un Gobierno de izquierdas, lo han llevado a esta situación.

Alguien dijo que una de las pruebas de un líder es la habilidad de reconocer un problema antes de que se convierta en emergencia. La idea no parece ir con el cuestionado por los suyos, que lo primero que ha de entender es que lo que hasta aquí fue beneficioso puede dejar de serlo. Y, sobre todo, que el futuro de Podemos no puede pasar por la imposición y el yo mando. Incluso debe plantearse que el futuro de Podemos no pase por él. Ni por sus torpezas y necedades.

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