La fiesta de la tercera edad


La fiesta nos ha quedado francamente bien. Muy lucida y muy sentida. Como acostumbran a quedar las fiestas de la tercera edad cuando todos se esfuerzan por alabar el buen estado de la homenajeada que difícilmente se tiene en pie, llena de arrugas y achaques. Igual que nuestra Constitución, que después de 38 años de brillantes servicios, hace tiempo que necesita de un repaso a fondo, pero que unos por los otros no se atrevieron a afrontar y que, a decir ayer mismo por el presidente Rajoy, tampoco parece que se vaya a reformar en los próximos meses y quién sabe si años.

Casi cuatro décadas es mucho tiempo para que un texto mantenga su vigencia. Ni la sociedad, ni los ciudadanos que la forman, ni las necesidades, ni los problemas, ni las ansias. Nada tiene que ver hoy con aquella España de 1978.

Y, sin embargo, ahí está con dos pequeños retoques, en 1992, para variar dos palabras y en el 2011, con la reforma del artículo 135 para desesperación de la mayoría de españoles. Ahí sigue inamovible. Pese a que tres de los cuatro principales partidos y el 83,7 % de la ciudadanía creen necesario reformarla.

Tenemos infinidad de asuntos pendientes. Limitación de mandatos, Senado, aforados, sucesión dinástica de la Corona y sistema electoral, entre otros muchos. Pero como en las fiestas de la tercera edad, ayer se confabularon para decir que la homenajeada goza de buena salud y que no precisa de una analítica. Aunque todos saben que está muy enclenque.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
13 votos

La fiesta de la tercera edad