Los miserables


España es uno de los principales destinos del tráfico de mujeres prostituidas: cada año entran entre 40.000 y 50.000 jóvenes -muchas, menores- mediante métodos criminales. También somos el primer país de Europa, y tercero del mundo, con mayor número de demandantes de sexo pagado, cada vez más jóvenes, que lo hacen como una forma de ocio y entretenimiento. Luis Mariano García Vicente, profesor de Trabajo Social en la Universidad Complutense y coautor de un libro sobre el perfil del cliente de la prostitución en Madrid, afirma que «para ellos, el sexo de pago es algo normal. Igual que consumen alcohol y marihuana, la prostitución es una diversión más».

Viene esto a cuento del anuncio de que el nuevo Parlamento español -que nace con la ilusión naíf de que se puede gobernar desde la oposición- se va a tomar en serio un Pacto de Estado contra la violencia de género, que incluirá la trata, tráfico y explotación sexual, algo que la actual ley no contempla. El antecedente parlamentario más próximo a este asunto fue la comisión mixta Congreso-Senado creada en la primera legislatura de Zapatero, pero el trabajo realizado durante meses, el diagnóstico de la situación y las conclusiones, realistas y duras, se diluyeron en el salón de los pasos perdidos. Huelgan comentarios...

Si se repite la metodología seguida para la ya veterana ley española, con doce años que se cumplirán en diciembre, habrá que contar ahora, también, con las organizaciones y las personas expertas que llevan años trabajando para que la esclavitud sexual pase a tener el tratamiento jurídico-legal adecuado.

Porque nos cuesta asumir las medidas que acaben con esta impunidad, pero a continuación nos escandalizamos cuando conocemos cómo afrontan su sexualidad las chicas más jóvenes, desde edades bien tempranas, aceptando tratos vejatorios, sumisión o algún tipo de recompensa, no necesariamente material, si no de simple aceptación por el grupo. Les sobran los ejemplos pésimos y los modelos patéticos al alcance, normalizados, sin reprobación familiar o social.

«Se dice que la esclavitud ha desaparecido de la civilización europea, y es un error. Existe todavía; solo que no pesa ya sino sobre la mujer, y se llama prostitución». Lo escribía en 1862, Víctor Hugo, en Los miserables... Nada ha cambiado, si acaso, se ha multiplicado exponencialmente. Estamos ante el segundo negocio clandestino del mundo con más beneficios, solo por detrás del tráfico de armas y por delante del de drogas, con más de 12 millones de mujeres en 160 países traficadas, en un comercio con ganancias superiores a los 25.000 millones de euros. Si esto sigue pasando de rositas y no se remueve la conciencia social, apaga y vámonos.

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