Listos como chinos


Dentro de poco se dejará de decir eso de «engañarlo como a un chino». En su lugar se dirá «engañarlo como a un europeo». Y es que aquí no somos más tontos porque no opositamos. Esto viene a cuento de las medidas que está tomando el Partido -solo hay uno- para estimular la fecundidad en China, cosa difícil de entender. Difícil porque su fecundidad es como la europea -1,6 hijos/mujer-, que ya quisiéramos en España, por no hablar de nuestra senescente y por eso más amada Galicia.

Llama la atención que gran parte de los medios capitalinos españoles mantengan el consenso básico sobre que economías como la surcoreana, la japonesa o la china afrontan serios problemas presentes o inmediatos a causa de su baja fecundidad, mientras omiten esa reflexión sobre la economía española y la de muchas de sus comunidades autónomas. La impresión que uno saca es que todos vemos la enfermedad, pero nadie quiere tomarse la medicina. Ya sabemos cómo termina esta teoría del avestruz, pero mientras dura... más deuda pública, sin ser como Japón ni de lejos.

Viendo lo que se les avecina, los tiranos nominalmente comunistas y salvajemente capitalistas del Partido han decidido que se acabó la política del hijo único y que vamos a la política de la parejita. Por favor, no confundan el Partido con los sojuzgados ciudadanos chinos, merecedores del más alto respeto y admiración. Así en el mundo solo queda un país con una consuetudinaria política de hijo único y que además es real, ya que como decimos la fecundidad china es de 1,6. ¿Y qué país será ese? Adivinen. Es verde, es el más occidental del continente europeo y empieza por G. No doy más pistas.

Sin embargo, el Partido está haciendo algo revolucionario en estos tiempos, como es predicar con el ejemplo. Así, muchos cuadros del Partido están comenzando a presionar a sus militantes, empezando por los más conspicuos, para que tengan un segundo hijo, demostrando su amor y abnegación por el Partido y la Patria. Qué cosas.

Los estímulos chinos a la natalidad no son como los alemanes. A una militante de la CDU de Angela Merkel hubo que nombrarla ministra de Familia para que ella y su pareja -secretario de Estado del mismo partido- abandonasen su condición de Kinderlos y procreasen, ya que pobres no eran y solo así podrían pedirle un esfuerzo a la cajera del Lidl y al cartero del Deutsche Post. Claro que medidas tan costosas como nombrarte ministra para que tengas un niño solo puede asumirlas Alemania.

En honor a la verdad, predicar con el ejemplo no siempre funciona, como lo demuestra el prolífico ministro japonés Katsunobu Kato, responsable de la cartera de Medidas contra la Declinante Natalidad. Así se entiende que, a pesar de alcanzar su deuda el 250 % del PIB, la economía nipona no carbure como debiera. Pero estos asuntos no interesan. Vamos a preguntarle al exministro argentino Cavallo cómo se montan trucos contables para ir trampeando y vender pensiones privadas que terminen quebrando.

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