Una vida con sentido

OPINIÓN

31 oct 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Decir que la de una persona con síndrome de Down es una vida con sentido puede sonar a cachondeo, cuando en la actualidad el 90-95 % de los fetos así diagnosticados son abortados, pese a que la Convención de Derechos de las Personas con Discapacidad reconoce su derecho a la vida. Así de contradictorios somos.

Sin embargo, lo que yo he podido experimentar en mi reciente viaje a México con ocasión del VI Congreso sobre Síndrome de Down es, una vez más, que estas personas y sus familias no son menos felices que cualquier otra; y si me apuran, hasta puede que lo sean más. Es la realidad. Sin artificios, ni romanticismos, ni edulcorantes. Allí estaban más de 800 personas para atestiguarlo, no solo de México, sino de varios países más del área.

La vida es un misterio fascinante y tremendo a la vez, una hermosa rosa que lleva aparejadas las consiguientes espinas. Olvidarnos de ello nos aboca al fracaso existencial, como individuos y como sociedades. Por eso resulta tan peligrosa la lógica del superhombre postulada por el poshumanismo. Por eso, no me cabe en la cabeza que la arrogancia y el utilitarismo nos lleven a descartar como indignas de ser vividas unas vidas que, según confesión de los propios interesados, son realmente felices, tienen bienestar y aportan felicidad a los suyos. En fin, a mí me encontrarán siempre a su lado, disfrutando con ellas y luchando por el reconocimiento pleno de sus derechos.