El comodín de la educación


Qué poco respeto tenemos por los estudiantes. Utilizamos la educación como fichas de un juego de sobremesa, con comodines y todo, para el momento que mejor nos convenga y ofrecer cambiar o retirar en función de las necesidades. Lo acaba de hacer Mariano Rajoy, en un ejercicio de generosidad al anunciar, durante la segunda sesión de investidura, su compromiso de «suspender los efectos académicos» de las reválidas de cuarto de ESO y Bachillerato hasta que no se llegue a un pacto sobre la Ley de Educación.

Con la comunidad educativa en pie de guerra, y con miles y miles de estudiantes gallegos en las calles, ¿en qué consistió la oferta del presidente del Gobierno? Pues en nada. Ofreció lo mismo que recoge la polémica y denostada Lomce para el curso 2016-17, pero con un año de retraso si para entonces no hubo acuerdo. Congela provisionalmente unas evaluaciones que concitan la unanimidad de rechazo de profesores, padres y alumnos. Y por si el anuncio no fuera lo suficientemente etéreo, llega el ministro aristócrata Méndez de Vigo y dice que en los próximos días se dirá en qué consiste realmente la medida, aunque ya adelanta que él es partidario de las reválidas porque sirven para evaluar a los alumnos. Enorme descubrimiento.

Tenemos la educación como comodín en el tablero político. En función de las necesidades se echa mano de él o no. Es una de las herencias que nos dejó el franquismo y que fuimos incapaces de erradicar. La educación, los educadores y los educados caminan en función de los vaivenes del ministro de turno. Lo que hoy es sí, mañana es no. Y lo que hoy se anuncia, mañana se paraliza. Porque la situación lo requiere. No la de la educación, la de los intereses políticos. Como acaba de hacer el presidente Rajoy en un acto de escaso respeto con generaciones de ciudadanos. Pero es que tenía que echar algo en el pesebre para que se alimentara la oposición.

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