El triunfo del gestor


Los grandes debates ideológicos hace tiempo que no visitan Galicia. Las coordenadas de la discusión política hace tiempo que se han vuelto recurrentes, excesivamente recurrentes, y es que si nuestra clase política deja a un lado política lingüística, asignación de recursos para sanidad y educación y los problemas estructurales del sector primario, pareciera que se queda sin argumentario.

Un marco tan estrecho es beneficioso para toda la clase política, permite que se profesionalicen en un tiempo récord, apenas hay temas que estudiar, diría un opositor. Pero tiene otro efecto, y este ya es perverso, traslada al grueso de la sociedad el mensaje de que se ha de elegir al mejor gestor, al más capaz para pilotar la administración. Cuando esto ocurre, el reto ya no es un nuevo estadio social, es algo mucho más sencillo; las metas del presidente de la Xunta son mostrar que tiene claros los problemas de Galicia y evitar el error. No darle el trabajo hecho a la oposición. Y en esto Feijoo es un maestro. Apenas se equivoca y cuando lo hace no se ancla en el desacierto. Si a ello le sumamos que ha creado a su alrededor un equipo discreto, con un nivel de profesionalidad aceptable y totalmente ajeno a casos relevantes de corrupción, podemos entender que haya sido visto por la mayoría de los gallegos como la mejor opción política.  

En la oposición no existe ninguna figura política equivalente a Feijoo. Villares nos prometía un país más justo, pero no es un juez lo que están demandando los gallegos. En Marea es observada como una fuerza política cargada de tensiones internas e inexperta, obsesionada en fidelizar a los suyos, ignorando al resto, más centrada en políticas de gestos que en acciones tangibles. Por ello, no ha sido capaz de quitarle distancia ni al PSdeG, ni de provocar el desmoronamiento del BNG, que resiste con una cierta dignidad, tanta como para afirmar que aún le queda mucha vida.

El antaño portaviones socialista de los tiempos de Laxe se ha convertido en un viejo carguero, lleno de fugas y con la tripulación escapando en cada puerto. Sus zonas de calor lo han alejado de los grandes graneros de votos. Nadie lo observa ya como una fuerza de gobierno, por eso no les ha servido poner al frente a un profesional reconocido y apreciado como Leiceaga. Su electorado envejece, cuando no se diluye. De hecho, una de las preguntas que ha de hacerse es a quién le habrá de disputar el espacio político, si al PP o a En Marea. 

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
21 votos

El triunfo del gestor