Pelotudos

María Xosé Porteiro
María Xosé Porteiro HABITACIÓN PROPIA

OPINIÓN

17 sep 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

En el español de Argentina, pelotudo es sinónimo de imbécil, pero suena más fuerte porque sitúa la imbecilidad en una parte del aparato genital masculino que se caracteriza por su parecido con ciertos alimentos o con cosas redondas que se utilizan para jugar. Me parece mucho más sutil de lo que a primera vista podría pensarse y me resulta muy útil en un día como hoy, a mediados del noveno mes de un año bisiesto, donde contamos los asesinatos de mujeres a manos de sus parejas, actuales o pasadas, con una media aproximada al equivalente de una por semana. Treinta y una se cumplieron ayer, con el asesinato de Esplugas, y nada nos hace esperar que la cifra deje de dispararse en cualquier momento.

Es que hay que ser muy pelotudo para deshacer la vida de alguien a quien un día, tal vez, quisiste. Pero además, hay que ser muy-muy-pelotudo, para que te dé igual que presencie el asesinato una hija de cuatro años. Y recontrapelotudo será también quien lo haga aún sabiendo que irá a la cárcel. Una buena amiga, abogada, intentó explicármelo: «Les da igual el castigo, lo hacen como una reivindicación ante sí mismos, ante su entorno y creo que, incluso, para dar ejemplo». Estaba asqueada porque le llegan este tipo de clientes y, en su buena fe, intenta hacerles entender no solo las consecuencias, sino también las causas de su comportamiento. «Lo hacen por sus pelotas», concluyó. Y ahí quedó la cosa.

Por la misma razón, las personas que nos gobiernan, estén en pleno ejercicio, o en funciones, miran para otro lado cada vez que una mujer es víctima de esa banda terrorista de machotes casi impune e invencible, que se ha colado en nuestra sociedad, y en la calle es frecuente que te crujan los oídos cuando oyes decir: «Son cosas de la vida? Siempre ocurrió pero se hablaba menos de ello... Es que ahora las mujeres no aguantan nada... Algo habrá hecho».

Pues algo hemos hecho, es verdad, intentando sobreponernos a las cadenas del patriarcado, luchando contra criminales que pueden dormir en la misma cama o contra un entorno que, conociendo el peligro y el sufrimiento, los consiente. Porque cada vez somos más quienes no lo toleramos. El terrorismo es una cosa muy seria y no estamos para pelotudeces.

Por eso no debemos dejarnos confundir por los mensajes construidos para deconstruir a la nueva mujer: libre, con todos los derechos, incómoda para muchos, pero dispuesta a crecer sin límites hasta donde su interés y su capacidad le permitan. No obstante, es imprescindible que estemos alerta. A cada momento muere una parte de nosotras como género y hay que hacerla renacer. Ya sabemos que la violencia machista busca castigo ejemplar y desistimiento. Pero no nos pueden matar a todas al mismo tiempo, qué se le va a hacer?