Hace muchos años, uno de los indicios de que se aproximaba la época electoral era, por ejemplo, un concurso para publicar una guía de mariscos de Galicia donde, con aplicación, se explicaban las características que para la misma especie, nécoras por ejemplo, diferenciaban las de Galicia de aquellas otras foráneas. Ahora en esta «Galicia que no resiste el zum» (Guitian y Pérez Alberti díxit) asombra verla en las fotos ortogonales de «Galicia sabe», «Enamórate de un gallego» o aquellas de «Galicia no bo Camiño». Nuevo marco referencial para animar al voto en esta Galicia que necesita mejorar su ánimo. Otra estrategia, complementaria y selectiva, la definen anuncios de inversión privada y grandes proyectos empresariales que, para más tarde que pronto, se proponen como necesarios.
Pero aparte de esa liturgia tan propia de las elecciones en Galicia, en esta campaña de las septembrinas asoman nuevos elementos. No porque coincida con elecciones al Parlamento vasco, sino porque este 25 de septiembre pareciera que los resultados en Galicia y en el País Vasco permitirán adivinar el futuro político de los grandes líderes que, por más empeño que ponen, no consiguen gobernar España.
Los populares, y su líder, Mariano Rajoy, buscan en los resultados gallegos árnica para sus tribulaciones, también judiciales, y ánimo para encarar las más que probables elecciones de diciembre, una vez más con Rajoy al frente. Revivir la taumaturgia de aquellas elecciones del 2009 donde Feijoo ganó al bipartito de Touriño y Quintana, y dio aliento a Rajoy, explica la constante presencia de este en la campaña gallega, pareciera que para apoyar a Feijoo o para capitalizar su éxito, que sin la presencia de Rajoy no se sabe si sería del PP o solo de su organización gallega.
A los partidos del Gobierno bipartito, perdedores en el 2009, la resaca les va durando siete años. Cierto que descabalgados Touriño y Quintana, quienes tal hicieron no lograron sus objetivos. A los socialistas del PSOE y a los nacionalistas del BNG les ha corroído la impaciencia y en estos años han necesitado cambiar más de cinco veces de líder replicante de Feijoo cada uno, sin que ninguno de los elegidos les haya dado resultado. Los socialistas han logrado perder a sus votantes y el Bloque a la organización y a los votantes, que prefirieron organizaciones de mayor labilidad. Llegando, tanto socialistas como las mareas nuevas, a carecer de candidato a la Xunta tres meses antes de la convocatoria electoral, y que una vez que lograron ponerle nombre, bien por primarias bien por cooptación, trabajaron afanosamente los de cada respectivo partido en debilitar al suyo. Los socialistas al modo de 1993, guerristas frente renovadores (sic), y las mareas en esa continua escaramuza de Podemos entre ellos, o de todos frente a Podemos.
Tanto enredo de líderes y organizaciones ha impedido que quienes son oposición hoy puedan decirnos cómo pretenden gobernar. Lo que si bien se piensa puede carecer de importancia siempre que el zum con el que los gallegos queramos ver Galicia sea el de «Galicia sabe» o, como nos ha pedido Feijoo, «votemos como galegos».