Un país puesto en marcha

Rubén Santamarta Vicente
Rubén Santamarta PAISANAJE

OPINIÓN

Resulta que este país no estaba en funciones. Ni flojeaba por la ausencia de un Gobierno. Ni renqueaba por la falta de expectativas políticas. No se ha derrumbado. Ni lo hará. Ahí siguen esas llamadas estructuras del Estado con un Ejecutivo en funciones durante 257 días; casi lo que dura un embarazo, fíjense qué comparación tan evocadora.

Resulta que este país simplemente estaba de agosto. Y posiblemente del primer agosto-agosto entre los últimos. Sesteando, en pausa temporal. Porque, mientras, la fruta ha seguido llegando fresca a la frutería. El pescado, a la lonja. Las nóminas (para los que trabajamos), pagándose. Los señores de Correos, repartiendo (gracias por esa carta, Teresa, impagable). Y ahora, los profesores regresando a los colegios. Los socorristas, abandonando las playas. Las calles, recuperando sus ruidos. Los estadios, llenándose de balón.

Así que no. Que de las muchas maquinadas sentencias que dejó el miércoles el eco de la tele desde el Congreso, aquella de «hay que poner en marcha este país de una vez» uno no se la puede creer (tampoco se cree otras, es cierto). Porque hay mucha gente (esa a la que tantas veces se apeló desde los escaños con ese genérico, como si tuvieran nombres y apellidos y caras las gentes) que ha seguido levantándose a diario mientras los señores que discutían esta semana la investidura echaban las toallas en la playa una larga temporada. O se embutían en el polo del Xacobeo para salir a caminar. Pensando ellos cómo hay que poner en marcha un país que, lamentablemente (sí, y es preocupante), no les ha echado de menos. Porque va con la velocidad puesta.