Mario en el Hola!


Ver estos días en la portada de la revista Hola! al escritor y premio Nobel Mario Vargas Llosa de vacaciones con la mediática Isabel Preysler, su nueva novia, por lejanas islas asiáticas me hizo recordar, no sé por qué, a otro escritor peruano con suerte muy distinta en la vida, cuya obra Mario conoce tan bien y valora tanto. José María Arguedas fue la cenicienta de esta historia.

Nacido en una población de la sierra peruana, se quedó huérfano con dos años. Su padre, vuelto a casar con una viuda rica y malvada que tenía un hijo ya adolescente, dejaba al niño en la nueva casa durante largos períodos de tiempo, en los que Arguedas era maltratado por su hermanastro y enviado a dormir con los criados por la madre del abusón.

Por eso aprendió quechua y por eso se hizo comunista y desarrolló un indigenismo apasionado que lo llevaría, ya instalado en Lima, a dirigir el Museo Nacional de Historia y la cátedra de Etnología en San Marcos.

Casado en segundas nupcias con la chilena Sybila Arredondo -encarcelada más tarde por Fujimori durante doce años por terrorismo con Sendero Luminoso, que ella siempre ha negado-, Arguedas se suicidó en 1969. Atrás dejaba el escritor novelas implacables como Yawar Fiesta o El Sexto. En cambio, Marito fue falsamente huérfano de padre hasta que, con diez años, el niño descubrió que aquella mentira ocultaba un vulgar divorcio. Se crió en el centro escolar limeño de Miraflores, del que tanto ha escrito y luego fue internado en un colegio militar donde las pasó canutas.

Y en seguida Mario Vargas Llosa sintió la fascinación de la literatura. También la de Arguedas. Y yo ahora que lo veo frivolón y complacido me acuerdo de aquellas cosas. Y me sonrío con él.

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