No se vislumbra que pueda haber pronto un Gobierno. Desde el PP se admite ya un retraso en el calendario deseado. Rajoy se ha puesto a la faena porque, como ha declarado, si no viese ninguna posibilidad no habría aceptado lo que llama «encargo del rey» para intentar formarlo. Es claro que no puede esperar nada de Unidos Podemos. Tampoco de los nacionalistas catalanes y vascos que se niegan a cualquier negociación; el PNV, de momento, por su influencia negativa en las próximas elecciones autonómicas. La abstención del PSOE es crucial para hacer real la posibilidad de un Gobierno. Sus dirigentes, con el dos veces perdedor a la cabeza, han vuelto a negarla, «pese a quien pese», frente a declaraciones explícitas de quienes son referencias relevantes del propio partido y a la presión que se desarrolla en el mismo sentido desde medios de comunicación y otras instancias. Resultan encomiables esas declaraciones; pero en la actual situación pienso si no sería necesaria una reunión extraordinaria del partido para pronunciarse sobre la abstención, un asunto que rebasa el funcionamiento ordinario, desequilibrado por el personalismo del secretario general. Es la vía más directa y consistente.
Se está intentando otra con la presión a Ciudadanos para que cambie la magnanimidad ficticia de su abstención, que no sirve para nada, por el voto positivo en segunda votación después del no en la primera. Con ello, el PSOE tendría una coartada para su abstención. La presión es más fácil porque supondría retirar el apoyo gracias al cual Rivera ha llegado adonde está y ha terminado por creérselo. Quién es este regeneracionista, cuál es su biografía que, en un primer paso que nos quieren vender, podría hacer el sacrificio patriótico de vencer su reiterada repugnancia democrática para aceptar a Rajoy y que se pone como ejemplo para que el PSOE ceda. Rajoy, a su vez, presiona con la necesidad de que se apruebe el techo del gasto y los requerimientos de la Unión Europea; pero también con estar abocados a unas elecciones, desfavorables para Sánchez y Rivera, si mantienen sus posturas. Ha de advertirse que ni la renuncia ni la investidura fracasada de Rajoy habilita para convocar elecciones.
Así las cosas, la propuesta de Rajoy habrá sido correcta si consigue los apoyos necesarios. En otro caso, según lo que se ha seguido hasta ahora, procedería proponer a Sánchez, cuya declinación le resultaría ardua. Es cierto que un Gobierno de PSOE, con apoyo de Unidos Podemos y nacionalistas, es hoy más difícil; pero no imposible. Los constituyentes, criticados de imprevisión, no aprobamos ese modo automático y sucesivo de proponer candidato. En función de la consulta se propone al que puede ser investido. En tanto no exista esa garantía, el rey no propone y no tiene plazo para proponer. La presión recaería, como ahora, sobre los partidos; pero, entretanto, no habría que proponer al segundo más votado; un riesgo menor y probablemente con menos tiempo de incertidumbre.