Ence: ser o no ser

Mar Souto FIRMA INVITADA

OPINIÓN

Ser o no ser, esta es la cuestión en Ence. Cual Shakespeare en Hamlet, estamos escribiendo actualmente dos soliloquios sobre la idoneidad de que Ence continúe o cese sus actividades en Pontevedra. Unos resaltan sus virtudes, y otros sus defectos. Creo que la única forma de discernir la mejor solución para la sociedad gallega es pasar del monólogo sobre las virtudes o los defectos al diálogo, en el que analicemos mesurada y juiciosamente los pros y contras de continuar o finiquitar su actividad. Sirva este artículo para tender puentes al necesario diálogo y alumbrar la mejor solución.

El principal argumento para continuar sus actividades es el empleo tanto directo como indirecto. Ence emplea directamente a más de 370 personas en Pontevedra, y genera 800 puestos de trabajo en la misma comarca y más de 5.000 en Galicia. En los últimos años, ha invertido 110 millones de euros, y ya tiene comprometidos 61 millones para los próximos años. Si analizamos la contribución arquitectónica de las instalaciones a la ría, creo que estaremos todos de acuerdo en que no aporta nada al paisaje, aunque el reciente concurso de integración arquitectónica y paisajística dotado con 40.000 euros, y ganado por el estudio Orts Trullenque con su proyecto Materia propia, promete una armoniosa integración de la fábrica en su entorno. Su aportación a las arcas públicas es de más de 33 millones de euros, quedando sobradamente justificado su positivo impacto sobre el territorio. Pero ¿debemos por estas razones mantenerla a cualquier coste?

Por otro lado, otros señalan que incumple la Ley de Costas, y que el proceso productivo requiere una cantidad enorme de agua, unos 12 millones de metros cúbicos anualmente, además de esquilmar sus bosques. Piensan que la sostenibilidad de una industria como esta es prácticamente imposible. Sus chimeneas humeantes nos hacen presumir que es inevitable el empeoramiento de la calidad del aire que respiramos. Pero ¿debemos por estas razones cerrarla a cualquier coste?

Creo que en este punto debemos sopesar estos hechos para determinar lo más conveniente. Si analizamos la realidad en Ence, vemos que sus chimeneas no están afectando a la calidad del aire. El análisis de la calidad del aire de Pontevedra nos muestra que alcanza unos excelentes resultados comparados con el resto de ciudades costeras de Galicia. Los vertidos a la ría no han hecho que las playas pierdan su bandera azul, máxima distinción europea a la calidad de las playas. La madera que emplean es 100 % cultivada y certificada como sostenible. Todo apunta a que Ence ha sabido entender cómo debe ser la industria en el siglo XXI, resultando su modelo un ejemplo a nivel europeo. En el 2015 la Comisión Europea ha concedido la distinción de oro a la fábrica de Ence en reconocimiento a su mejora ambiental en los últimos quince años.

Como buena gallega errante, ahora me encuentro trabajando en Tarragona. Aquí han entendido la importancia de la industria química pesada, creando un clúster químico líder a nivel europeo. Empresas como Repsol, Dow Chemical o BASF han sabido crear un clúster que combina instituciones, empresas y universidad, permitiendo un impulso económico y un desarrollo social a la provincia inimaginable sin su contribución. Además, junto al polígono químico, tenemos la Costa Dorada. El municipio turístico de Salou y el parque temático de ocio Port Aventura, que son colindantes a estas empresas. Desde lo más alto de la montaña rusa del mencionado parque temático podemos ver a un lado el polígono con sus chimeneas humeantes, y al otro las maravillosas playas y complejos hoteleros de la Costa Dorada. Ambas realidades llevan décadas conviviendo y demostrando que una industria responsable en el siglo XXI es compatible con el turismo y el desarrollo respetuoso y sostenible con el medio ambiente. Por ello, como gallega, me entristecería ver cómo Galicia puede perder de nuevo una industria líder y que es ejemplo europeo de sostenibilidad. Ence creo que ha demostrado su compromiso con Galicia y con el medio ambiente. Por ello, el «ser o no ser» ya tiene para mí una clara respuesta: Ence debe ser. ¿Y para usted?