Periódicos y gente

Fernanda Tabarés
Fernanda Tabarés OTRAS LETRAS

OPINIÓN

Un día de 1957 un reportero principiante llamado Gay Talese, recién incorporado a la nómina de The New York Times, recibió un consejo de un colega veterano: «Nunca use el teléfono, joven. Es fácil y rápido, pero se está perdiendo todo. Busque a la gente. Saque su trasero de allí, tome un taxi, el metro, un tren, y mire a la gente». El progenitor del Nuevo Periodismo explica estos días que durante años ejerció de voyeur en un hotel, en lo que viene a ser una sublimación del oficio, pero ese buscar a la gente al que fue conminado en sus inicios sigue siendo el mejor consejo que un periodista puede recibir. La gente y sus historias. Es ese el combustible adictivo que mantendrá a salvo este trabajo, porque cuando olfateas por vez primera el privilegio de observar el mundo y sus criaturas desde dentro, es que el periodismo te ha atrapado para siempre.

Así que una puede tener la mochila cargada de historias, intuir ese cordón que te vincula con una forma de entender la profesión, que es una forma de entender el mundo, pero carecer de un lugar en el que volcarlas. La primera vez que un aprendiz de periodista comprende esta evidencia siente el vértigo emocionante de las grandes ocasiones. Sucede cuando se entra un día en una redacción y se entiende que aquella oficina que la tecnología va modelando a su antojo, que la nostalgia indica que se ha vuelto demasiado aséptica y demasiado silenciosa, es un lugar importante. Incluso en épocas como esta, con la crisis arrasando los caracteres y el oficio entregado a la turbación, un periódico es un lugar conmovedor en el que palpita el presente y sus precisas circunstancias. Por eso es tan sensible a los avatares, porque un diario es lo más parecido que hay a la vida. Por eso es tan importante un periódico, un periódico desde el que te dejen mirar a la gente y contárselo a alguien. A usted.