La corbata de Talese

Luís Pousa Rodríguez
Luís Pousa FARRAPOS DE GAITA

OPINIÓN

Gay Talese, siempre de terno y sombrero, es el último dandi del gremio. No cree en la velocidad del periodismo instantáneo. Para hacer una entrevista, ni siquiera usa grabadora. Toma notas y tiene que hablar cara a cara con el entrevistado. Durante horas. En tres o cuatro sesiones. No tiene prisa. Puede esperar 36 años para publicar una historia. Lo acaba de hacer con El motel del voyeur, una crónica que ve ahora la luz en The New Yorker como avance de su próximo libro. En su relato, Talese cuenta las peripecias de Gerald Foos, un mirón que decidió comprarse un motel de 21 habitaciones cerca de Denver para espiar las maniobras sexuales de sus huéspedes a través de unas mirillas camufladas en los respiraderos del falso techo.

A la espera del permiso de Foos, Talese renunció durante 36 años a contar su estancia en el Manor House Motel en 1980 o a hablar del diario donde el voyeur inventarió todo tipo de interacciones cuerpo a cuerpo e incluso un asesinato. Sucedió en la habitación número 10 en 1977. Y nunca se pudo detener al culpable, lo que ha desatado cierta polémica deontológica sobre el dilema moral de Talese en toda esta aventura.

La primera vez que acompaña a Foos al ático para observar a una pareja de esquiadores de Chicago en acción, Talese se inclina sobre el ventanuco para ver mejor y su corbata se cuela por la rejilla. Queda suspendida en el centro del cuarto sobre la cabeza de la mujer. Demasiado atareados en su refriega, los esquiadores no se enteran, pero Foos lo empuja hacia atrás para que no descubran su gran secreto:

-Debería quitarse esa corbata.

Por supuesto, Talese nunca se ha quitado la corbata. Aún hoy sigue haciendo periodismo de corbata y chaleco. Y esa corbata flotando en el aire, suspendida sobre la desnuda realidad, debe de ser algo muy parecido a este oficio de mirones llamado periodismo.