Antonio Hernando «for president»

OPINIÓN

28 abr 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Sin la aportación de Antonio Hernando, el mayor capital político del actual PSOE, no hubiese sido posible que Pedro Sánchez dedicase tres meses de su vida a marear perdices, ni que el PSOE siguiese tomándonos el pelo mientras el rey oficiaba los funerales por esta trágica legislatura. Porque Hernando -sin más ayuda que Luena- fue el único que entendió el mensaje de los electores, cuya esencia consiste en enterrar sin honores a Rajoy, el ganador, para poner en su lugar a un fantasma bien parecido.

Los problemas surgieron cuando, gracias a su enorme perspicacia, incluso Hernando llegó a entender que la amalgama discorde y extraterrestre que representaban los partidos del cambio era imposible de manejar, y que de ahí no podía salir un Gobierno ni usando criterios programáticos, ni ciñéndose a los números, ni disputando sillas. Y por eso tuvo que inventar -¡él solito!- el llamado «pacto andreottino», en honor al democristiano italiano que lo inspiró, y cuya genial formulación podría resumirse en que, para llevar a Sánchez a la Moncloa, «vale todo y lo contrario de todo».

El todo, en esta historia de terror que estamos viviendo, fue abrazarse a Rivera y, para crear la famosa autopista 130, proponer un Gobierno «de cambio» que, presidido por el PSOE, mantuviese las políticas centrales del PP, gestionadas por ministros de Ciudadanos. Para que tal cabriola fuese posible, el gran Hernando exigía el aval del populista Pablo Iglesias y los apestados votos de Podemos y sus confluencias, siempre que tales votos llegasen gratis y dispuestos a apoyar una reforma constitucional progresista, hecha contra el PP, que solo el PP debería sacar adelante.

Y «lo contrario de todo» fue el posibilismo infantil con el que el mismo Hernando asumió in extremis la propuesta de Compromís, sin darse cuenta de que se trataba de una treta electoralista, y de que en su fondo debía dar paso a un aquelarre socialista, nacionalista, separatista, populista, comunista y radical, dispuesto a apoyar un programa inspirado en Rouco Varela, cuyo resumen podría ser este: vamos allá y, con buena voluntad, arreglamos todo en dos años, y, dando preferencia a los derechos sobre los deberes, ponemos salarios sociales y pagamos la dependencia a costa de los acreedores. Y cuando se acaben los cuartos volvemos a pedir más a los mismos, para darle, años después, nuevas calabazas.

A Hernando -que tiene fijación con la democracia cristiana- le pareció aceptable todo lo de Compromís, salvo las tres medidas cuya supresión lo reducían a nada. Por eso estoy pensando en dejar a Merkel, cuyo liderazgo empieza a decaer, para echarme en brazos de este trapalleiro cósmico llamado Hernando, al que el PSOE convirtió en portavoz de su dramático derrumbe. Porque solo un posibilista como él puede disuadirnos del suicidio colectivo.