Hay que regular los medios como propone Pablo Iglesias porque no puede ser este desmadre de que critiquen cuando y como quieran a Podemos. Hoy «para prosperar en la carrera», a decir del propio Iglesias, «deben colocar muchas noticias» de los podemitas «que no tienen que ser verdad, como muchas cosas que se publican». Lo dijo en un ataque directo a un plumilla, con nombre y apellidos, en una sesión de baño y masaje en la Universidad. Y pese a las disculpas, llueve sobre mojado.
Así que tomémonos en serio lo que dice el doctor de ética periodística y líder de los morados, porque si se regulan los contenidos de los medios, no solo se arregla el problema de Podemos, sino también el de las bravuconadas de Luis Enrique; la mala educación de Belén Esteban; las falsas denuncias que se hicieron de Bárcenas, Barberá y Fabra y los insultos de la Pantoja. Porque bien está que despellejemos a Rajoy y que digamos que Pedro Sánchez precisa de un hervor, pero criticar a quienes nos van a llevar al paraíso ya no resulta aceptable.
Pablo Iglesias está en su derecho de criticar a los medios que lo llevaron al todo desde la nada, pero no a personalizar. Ni a dar lecciones. Porque los que él critica son los que buscaron los papeles en Panamá, denuncian corruptelas y pillajes, descubrieron la Gürtel y Nóos y supieron de financiaciones en Venezuela e Irán.
Lo único que se le puede achacar a Iglesias en su último ataque a los medios es su escasa originalidad. Ya lo vienen haciendo, con gran éxito, por cierto, Venezuela, Corea del Norte y Siria.