Consuelo y denuncia

OPINIÓN

17 abr 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Han sido solo unas pocas horas, pero que han significado un rayo de esperanza en la vida de quienes huyen de la guerra, del hambre y la persecución desde lugares como Siria, Irak o Afganistán. «No estáis solos», les dijo el papa de los descartados de este mundo. Pero Jorge Bergoglio -con dificultad para procesar tanto dolor como veía ante sí- no solo saludó, escuchó, abrazó, habló y rezó, sino que se llevó en su propio avión a tres familias sirias, una prueba más de su compromiso personal por ejemplarizar con su conducta: si él puede, ¿por qué sigue habiendo tantos palacios episcopales sin apenas vida?

Este hombre de 79 años y alma de niño se niega a pensar que hemos perdido la capacidad de llorar, de compartir con el que tiene infinitamente menos que nosotros, de manifestar ternura y empatía. Europa se enfrenta en la actualidad a una de las más graves crisis humanas desde el final de la Segunda Guerra Mundial, lo sabemos bien; y los dirigentes europeos no están a la altura de las circunstancias, como denunciaron ayer conjuntamente el papa Francisco, el patriarca Bartolomé y el arzobispo Ieronymos en un ejercicio ecuménico de la caridad sin precedentes históricos. También pusieron el dedo en la llaga al subrayar que todo este drama no sucede por fatalidad, que hay decisiones políticas previas que han conducido a este escenario. Europa es la patria de los derechos humanos, y debería continuar siéndolo.