L o digo así, a la valenciana, como le hubiera gustado a Iglesias Turrión: mojiganga; en el Levante, muixeranga o moixaranga. Mi charanga, etimológicamente, para que nos entendamos. Una representación carnavalesca, una carnavalada, eso que mis compañeros politólogos de La Voz de Galicia han dado en llamar ópera bufa y que ayer tuvo su continuación. Vendrán más capítulos, no lo dude usted. Porque mientras los maniquíes que acompañan a Iglesias Turrión se mostraban ora sonrientes, ora hieráticos, ante las declaraciones de su amo y señor, la mojiganga de Podemos y sus confluencias proseguía su representación. Pregunta a los maniquíes: ¿No se sienten ustedes, que parecen gente estudiada, ridículos en esas ruedas de prensa ad maiorem dei gloriam que pronuncia su líder?
A la misma hora, más o menos, el hombre que preside la alcaldía de la capital de Galicia afirmaba que todo iba bien en Santiago. Todo perfecto, a pesar de que Podemos hubiera asegurado desvincularse de Compostela Aberta y, con ello, dejar de apoyar a Martiño Noriega. Lo dijo sin que su gorra visera se inmutase, como su rostro.
Más inquieto parecía el alcalde de Ferrol, que aseguró que estaba harto de las deslealtades socialistas y que se rompería el pacto de gobierno, y que inmediatamente iba a consultar a las bases, que son las que ponen y reponen en la cosa asamblearia. Bien lo sabe Breogán Rioboo, que fue secretario general de Podemos Galicia y dejó de serlo digitalmente. Ahora le preguntan a las bases otra vez. Y con estos son con los que quiere gobernar el responsable de esta comedia a la que llamo mojiganga. Con estos quiere gobernar Pedro Sánchez porque, como hemos repetido hasta la saciedad, no tiene otra manera de hacerlo: no es no, señor Rajoy.
En tanto acontecía lo narrado en los párrafos anteriores, Iglesias y sus maniquíes (lo digo por su pose estética, obviamente) proclamaban la petulancia de preguntarle a los militantes lo que ya sabe que contestarán. No a la primera pregunta, Pablo, que nosotros contigo, que nos parece muy mal el pacto de Sánchez y Rivera. Y sí a la segunda, que nuestras propuestas son admirables. Hay una tercera opción: empate, como la CUP. Sí se puede. Sí se puede. Y en esas andamos. ¡Qué espantoso bochorno!
No sé usted, pero yo ya estoy harto de esta burla. Solemne, pero burla al fin y al cabo. No lo soporto más. Me fatiga que estos se rían hasta de su sombra. Que hayan metido al niño en el Congreso, que nominen un Gobierno antes de hablar con nadie, que hayan hecho de Compostela y Ferrol y A Coruña tres ciudades en parálisis permanente, que les importe poco Galicia o España, que sean los asesores de esta Venezuela muerta de miseria y violencia (siete millones, no lo digo yo, sino los papeles firmados por el ministro de Finanzas, Rafael Isea, para extender «el movimiento bolivariano») y que, por encima, no dejen de impartir lecciones de moralidad.
La mojiganga toca a su fin. En junio, votamos.