Mientras no rompan, hay esperanza

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

Antes de nada, el desahogo: lo de Podemos no tiene nombre. Tenían a España pendiente de su reunión. Estaban los periodistas convocados a las ruedas de prensa de los negociadores. Y con dos narices, el señor Iglesias aplazó su comparecencia hasta hoy, porque antes tiene que hablar con su partido y las confluencias. Está en su derecho de hablar cuando quiera e incluso de callarse, e incluso de callarse para siempre. Pero el relato de su reunión no es algo para lo que deba pedir autorización a nadie. El relato es el relato y punto. Si para comunicar sus impresiones necesita no sé qué venia de su partido, es señal de que antepone su formación política a su compromiso con la sociedad. Este era el señor que había prometido toda la transparencia del mundo, incluso una retransmisión en directo. Primer desengaño.

En consecuencia, la información de que disponemos hoy es insuficiente y parcial. No sabemos cuál es la actitud de Podemos de cara al público, y es fundamental, porque son los escaños que faltan para conseguir la mayoría buscada. No sabemos hasta dónde está dispuesto a ceder o si mantiene su opinión de que el pacto PSOE-Ciudadanos está en vía muerta. Y no hubo forma de preguntarle dónde están las concesiones que dice haber hecho en los veinte puntos que presentó a la mesa negociadora y que, según José Manuel Villegas, no recogen nada de lo firmado por Pedro Sánchez y Albert Ribera.

Con esa limitación informativa, tiene razón el portavoz socialista Antonio Hernando: el pacto de gobierno va a ser muy difícil. La distancia entre los reunidos, al menos entre Ciudadanos y Podemos, parece insalvable. Los hombres de Rivera no aceptarán jamás el referendo en Cataluña ni en otra comunidad, y supongo que los de Sánchez tampoco. El aumento del gasto en 63.000 millones, aunque sean repartidos en los cuatro años de la legislatura, es deseable, pero utópico a la vista de la evolución del déficit y de las exigencias de Bruselas. Y la formación de Gobierno que expuso Iglesias y que no quiso confirmar a la prensa es una clarísima exclusión de Ciudadanos que anuncia un mal final del diálogo.

¿Puede cambiar algo? Por supuesto. Y cambiará. El tono de los que hablaron es correcto y respetuoso, a diferencia de lo escuchado el miércoles en el Congreso. Se nota que no quieren romper de entrada. Una negociación, además, siempre empieza con exigencias máximas para tener algo que ceder en las discusiones. Por tanto, mientras nadie se levante de la mesa, hay posibilidades. Pero las diferencias no afectan a cuestiones menores. Afectan al entendimiento de la unidad nacional y apuntan a un Gobierno que quiere llevar las reformas a un terreno ideológico radical. Yo no lo acabo de ver.