Vacaciones ejemplares

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

25 mar 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Según las noticias publicadas, España está de vacaciones. Quedamos fuera de catálogo los periodistas (algunos), los guardias civiles, los dependientes del gran comercio, los camareros, los empleados de hoteles, los sanitarios y un largo etcétera. No somos suficientes, sin embargo, para evitar las caravanas de salida de las ciudades, que no son nada comparadas con las caravanas de entrada del próximo domingo. Oigo entrevistas con representantes del sector turístico, y España vuelve a ir bien, incluso sin Aznar: los hoteles están a rebosar, la gente gasta más y le importa un pimiento eso de la incertidumbre política que tanto invocan los pesimistas de guardia.

De la tentación de evadirse no se libra ni el presidente del Gobierno, que tenía tanta prisa por llegar al refugio presidencial de Doñana, que no leyó la declaración institucional contra los atentados de Bruselas en la Moncloa, sino en el ayuntamiento de Ayamonte. Tampoco los señores Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. Tienen tal fervor religioso, que no se han querido perder ninguna procesión de estos santos días y aplazaron hasta el miércoles su esperadísima reunión para pactar el desalojo de Rajoy. Son los únicos españoles que no parecen tener urgencia en esa cuestión de formar Gobierno y, pasados tres meses de las elecciones, no encontraron hueco en su agenda para quedar y tomar un café. Cuando no tenían nada oficial que hacer, miraron su dietario y descubrieron que era Semana Santa y no podían renunciar a sus placeres. ¿Qué es un pacto de Gobierno al lado de un Jueves o un Viernes Santo? La correcta ordenación de las prioridades es la primera obligación de un buen hombre de Estado.

Y también resulta ejemplar la vacación de sus señorías los diputados y diputadas y senadores y senadoras. Multiplicaron la Semana Santa por tres y les salieron tres semanas sin pisar las Cámaras. Naturalmente, van a cumplir con sus representados. Si a usted le suena el timbre de casa a cualquier hora del día, es su representante en el Parlamento que se va a ofrecer por si le resulta útil en su alta representación. Este diario tiene una encuesta en su página web para detectar si el ciudadano aprueba esos 21 días de asueto, y casi el 98 por 100 dice que le parece mal. No entiendo tanta desaprobación. Somos poco indulgentes con nuestros parlamentarios. Les criticamos los viajes gratis, el pack informático, las dietas y los precios del gintonic en el Congreso y ahora censuramos su vacación. Seamos comprensivos. Total, para cinco meses que va a durar la legislatura, y además sin tener que redactar ninguna ley y sin tener Gobierno al que preguntar, ¿qué importa dónde estén? Fuera de las instituciones, por lo menos no gastan luz.