Aparece en lo último de Vargas Llosa, Cinco esquinas, la célebre frase de su mejor libro: «¿En qué momento se jodió el Perú?». Su mejor libro es Conversación en la Catedral. Llosa dice que es el que salvaría de toda su obra. Cinco esquinas no lo desbanca. Cierto es que se deja leer bien, como su anterior regreso a su tierra natal. Ahora es Lima en vez de Piura, pero, sin spoiler, se trata de un enredo parecido. Aunque mucho más descarnado. La venganza, dicen, se sirve fría. Y el nobel ha tirado de los cabos que siempre asoman en su obra para cerrar un nudo sobre el cuello de Fujimori, contra el que perdió las elecciones, y el doctor Montesinos. Baraja el periodismo más amarillo, el sexo y su enorme capacidad para pintar las calles y los personajes limeños y así contar una historia que engarza con saltos de capítulo, como en él es habitual. Lo mejor, los modismos peruanos que, igual que todos los del castellano de las Américas, siempre gustan al oído de aquí. Hay fluidez y morbo. Y aunque la crítica ha sido casi unánime en señalar el capítulo veinte como un prodigio narrativo, esas páginas en las que se van atando todos los cabos sueltos, sin restarle el mérito, parece más bien algo de pereza para concluir una historia que se empezaba a hacer larga para el zumo que lleva. Llosa mezcla ahí conversaciones de todas las tramas en marcha en el mismo capítulo, un poco al estilo del primer Lobo Antunes, aunque sin su maestría ni su complejidad. Como una versión de Lobo para todos los públicos. Dice el autor que él prefiere estar en la colección francesa de leyendas La Pléyade que en el Hola, pero ahora mismo sobre todo sale en la revista por su relación con Isabel Preysler. Él sabrá. Eso sí, Montesinos recibe lo suyo. Queda el refrán: «Bien vengas, mal, si vienes solo». Verdad gigante, de las que oculta el sol.