Leída la información de M. Cheda en La Voz de Galicia de ayer, obtengo una primera impresión: el presidente Núñez Feijoo va a ser objeto de una presión insoportable. Si los cuatro presidentes provinciales del PP de Galicia le piden, casi le exigen, que repita como candidato a la Xunta, imagínense ustedes las peticiones que debe estar recibiendo de otros estamentos del partido, que necesita no perder más poder regional y, sin Feijoo, puede perder nada menos que la última joya de la corona. Sin más base informativa que la propia intuición, sospecho que le están poniendo difícil ejercer su elemental derecho a decidir serenamente su futuro.
Alberto Núñez Feijoo no es un político de aluvión. Aunque sea desde la discrepancia ideológica, es uno de los valores más reconocidos de la vida pública española. Como todavía no estamos en campaña electoral, este cronista no tiene inconveniente en reconocerle todas las características del retrato robot del buen gobernante: formación demostrada, experiencia acreditada, sentido del deber, capacidad de gerencia y un atractivo para los medios informativos que se demuestra cada vez que aparece en público. No hace falta llevar una contabilidad estricta para saber que es el dirigente más buscado para entrevistas en emisoras o diarios de cobertura nacional. Si se le busca, es porque se sabe que tiene mensaje. Y, si se le pide opinión, es porque se sabe que es una opinión de peso.
¿Podría ser un buen sucesor de Mariano Rajoy? Sin duda. Para muchos, el sucesor más cualificado; pero Feijoo es tan leal a su líder que jamás dará el menor paso para provocarlo. Es tan extremadamente leal, que creo que no se atreve ni a pensarlo. Con lo cual, corre dos riesgos. Uno, el de quedarse para siempre como el sucesor permanentemente deseado por multitud de militantes y observadores, pero sin pasar de ahí. Otro, el de suscitar la prevención de otras personas que sí son aspirantes y quizá conspiren contra él o sostengan hábilmente que es el nombre imprescindible para Galicia, con tal de no tenerlo cerca de los centros de decisión.
Pero ahora Núñez Feijoo rompió los esquemas de las especulaciones con la revelación que le hizo a Carlos Alsina: una vez cumplido su compromiso de gobernar dos legislaturas con mayoría absoluta, su disyuntiva es continuar en la política o dar el salto a la iniciativa privada. Por ahí iban los rumores y su declaración los alienta. Será su decisión personal y solo a él corresponde tomarla. Este cronista solo puede decir: si se marcha al mundo empresarial, será una pésima noticia para la vida pública. No solo para el PP, sino para toda la política, que no está tan sobrada de personas de su valía como para dejarlo escapar.