La guerra de Ada Colau


Ada Colau, derrotada excombatiente antidesahucios (en efecto, los sigue habiendo), alcaldesa de Barcelona por la gracia de ERC, la CUP y el PSOE de Pedro Sánchez, abre las manos, encoge levemente los hombros y deja para la historia de este país una lección perfecta de intolerancia e ignorancia. La escena se desarrolla en el salón de Enseñanza de la ciudad, donde el Ejército tiene un estand para informar a los jóvenes sobre las oportunidades académicas de la carrera militar. Como a Colau no le gustan los ejércitos (los que ella no encabeza) abofetea verbalmente a los uniformados. Luego, se retira a sus cuarteles de Twitter, desde donde trata de justificar su penosa lección de prejuicios. Colau, socia de Pablo Iglesias, el mismo que hace dos meses presumía de tener ministro de Defensa (por cierto, todo un jefe del Estado Mayor), fue al salón de la Enseñanza buscando guerra. La guerra de Ada Colau. Una guerra declarada ante unos señores cuyo trabajo, impagable, es garantizar la paz. Pero Colau, que es muy moderna pero se le debe de aparecer Franco en sueños, les hizo ayer a estos militares un consejo de guerra delante de las cámaras. Dictó su particular ley marcial. Mostró al mundo que, al revés de lo que suele pasar en el cine, los que van de paisano pueden llegar a ser los malos-malísimos de la película.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
86 votos

La guerra de Ada Colau