Tras declinar el ofrecimiento de Felipe VI para intentar formar Gobierno, y una vez alcanzado un acuerdo entre PSOE y Ciudadanos, Mariano Rajoy tiene que plantearse abstenerse en la sesión de investidura de Pedro Sánchez, y de esa forma permitir que España salga de la inestabilidad que provoca estar tanto tiempo con un Gobierno en funciones. El dirigente gallego sabe que, de repetirse las elecciones, las cosas seguirían más o menos igual, lo que significaría que no obtendría apoyos suficientes para gobernar, y el país no está en condiciones de pasarse prácticamente todo el 2016 en la situación actual. La economía se resentiría, y de todos es sabido que no está el horno para bollos. Sería un gesto que le honraría, podríamos decir que el proceder que se esperaría de todo político con visión de Estado y no obcecado en enfrentamientos personales, e incluso que el Partido Popular permaneciera en la oposición, siendo el partido con más representación parlamentaria, le reforzaría de cara a próximos comicios. Serían otros los que se quemarían con el fuego del poder, y alejarse del primer plano de la vida política facilitaría que la mala imagen de los populares se atenuase. El tiempo lo cura todo. De esa manera, también hay que decirlo, se evitaría que Podemos entre en el Gobierno como un elefante lo haría en una cacharrería.