¿Y ahora qué hace Rajoy? Durante los últimos días anunció que no tiraba la toalla y que optará a la investidura. Ahora, con el pacto entre Sánchez y Rivera, lo puede y lo debe intentar, porque ese Gobierno social-centrista no va a salir. Pero ¿tendrá aliados? Ese es el problema. Hasta ayer podía contar con Albert Rivera, pero Rivera contrajo matrimonio civil con el PSOE y tendría que promover un divorcio para cambiar públicamente de pareja. ¿Y la gran coalición? Un sueño que sigue tropezando con las incompatibilidades que ayer comentamos: Pedro Sánchez no ha venido a este mundo para regalar el poder a la derecha. Felipe González, que propuso que uno deje gobernar al otro, se ha quedado sin fuerza para repetir la idea después de que el Partido Popular negó su voto al Socialista.
Ese es uno de los efectos del pacto sellado y presentado por Sánchez y Rivera y rápidamente repudiado por Podemos. Lo lamento porque se trata, a mi juicio, de un buen trabajo. Tiene aspectos discutibles, como todo, pero tiene el valor de ser el primer acuerdo de gobernación de ámbito nacional. Beneficioso para el socialista, porque lo afianza como líder del PSOE después de tantas maniobras y conspiraciones para derribarlo. Bastante bueno para Rivera, porque toda la gestión del acuerdo lo presentó como un hombre con sentido de Estado y capaz de sacrificarse por la gobernabilidad del país, sin hacer ostentaciones de ambición de poder. Y positivo para el conjunto de España, porque aleja la perspectiva de una coalición de izquierdas que pretende una transformación a la brava y el monopolio de la iniciativa y la gestión de las reformas, con un talante excluyente de las ideas de los demás.
Esto último lo puso de manifiesto Podemos al romper la negociación con el PSOE y hacer inútil el acuerdo. Podemos quiere sus reformas o nada. Quiere sus cuotas de poder o nada. Todo lo demás es entreguismo a la derecha o complacencia al Ibex, en una ceremonia de simplificación política espectacular. Prefiere dar vida al PP antes que facilitar un cambio de Gobierno, aunque ese Gobierno nonato prometa anular reformas del mandato de Rajoy. Y así, entre unos y otros, se consumió un enorme esfuerzo en hacer un acuerdo que no sirve para nada.
Se demostró que no hay más voluntad política de pacto que la derivada de la necesidad de Sánchez y la generosidad de Rivera. Se cerraron algo más las posibilidades de investidura de Rajoy. Y se abrió la puerta que conduce a unas elecciones que quizá nos dejen en la misma situación. Felicito a quienes han sido capaces de renunciar a algo para hacer gobernable este país, aunque de momento resulte estéril. Censuro a quienes siguen empeñados en hacer que sea ingobernable.