Presidente o nada


Fue vertiginosa la rapidez con la que Pedro Sánchez se lanzó al ruedo, tras conocerse los resultados electorales, para ofrecer unas negociaciones sin líneas rojas que lo situaban a él como presidente. Para ello, tuvo que excluir inmediatamente al Partido Popular que, al contar con más diputados, defendería siempre a Mariano Rajoy como candidato a la Moncloa. Fue así como el político que presumía de rechazar las líneas rojas trazó la más gorda de todas: la que hizo imposible negociar una gran coalición PP-PSOE, que era la opción preferida por una mayoría que incluía a muchos socialistas. Pero Sánchez estuvo rápido en desbaratar toda posibilidad de que esta opción pudiese existir. De hecho, la desbarató ya en el debate de campaña con Rajoy en TVE. Y lo hizo convencido de que, si había la gran coalición PP-PSOE, él no sería presidente. Por lo tanto esta opción no le convenía y debía desaparecer cuanto antes como una posibilidad real, por más que muchos compañeros le pidiesen que mirase a Alemania. 

Creo que a estas alturas está claro que Sánchez es un jugador que sabe defender sus intereses y ambiciones, y no seré yo quien lo descalifique por ello. He hablado con algunos socialistas que lo conocen mucho mejor que yo y me han ilustrado sobre su frase: «Yo voy en serio». Se refiere a sus anhelos o sueños personales. De hecho, su trayectoria antes de llegar a la secretaría general del PSOE fue mediocre y deslucida. Hasta que vio la ocasión en unas primarias del partido y se merendó al confiado Madina. ¿Líneas rojas? Ninguna, excepto las imprescindibles para apuntalar su opción. Por eso nunca fue posible una coalición PP-PSOE con la suma de Ciudadanos u otras fuerzas. Es más: no ha sido posible ni siquiera plantearla, porque se sabía que era la única línea roja que Sánchez jamás retiraría. Así hemos llegado adonde estamos. ¿A punto de repetir las elecciones? No lo sé. El líder socialista ha abierto un camino para llegar a la Moncloa, pero otros parecen decididos a no facilitarle las cosas, quizá porque ya están pensando en unas nuevas elecciones con unos resultados distintos. Y tal vez entonces haya que volver a plantearse la posibilidad de la llamada gran coalición. O no. 

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