¿En qué momento se había jodido el Perú? La frase con la que Vargas Llosa arranca su monumental Conversación en La Catedral me vino ayer a la memoria cuando, por un instante fugaz, percibí en su horrenda y completa dimensión el espantoso cuadro que vive España. A quince días de la sesión de investidura, la única posibilidad de que se forme Gobierno pasa por que un político que hasta hace muy poco ha estado a sueldo del régimen iraní controle los servicios de inteligencia del Estado. No hay alternativa, porque el ganador de las elecciones no tiene ninguna posibilidad de articular una mayoría, ya que su partido está infestado de dirigentes envueltos en casos de corrupción y su pasividad, permisividad y hasta protección hacia los principales implicados le ha convertido en un apestado para el resto de formaciones. Y porque el líder de la segunda fuerza política se empeña, en contra de lo que opina una mayoría de su partido, en gobernar con el apoyo tácito o explícito de unos diputados que, aunque están en el Congreso cobrando un sueldo que pagamos todos, aseguran que no son españoles y que en 18 meses declararán la independencia de Cataluña violando todas las leyes vigentes.
¿En qué momento hemos llegado a este esperpento nacional? Para que España quede en manos del caudillo populista que ayer se pavoneaba en el Congreso repartiendo ministerios, exigiendo referendos de independencia y lanzando amenazas, ha sido necesaria la incompetencia activa de algunos que hoy se llevan las manos a la cabeza. Rajoy lleva años abonando ese terreno. Pese al poder omnímodo entre los suyos que le otorgó su victoria en el 2011, desaprovechó la ocasión de limpiar a fondo su partido. Al contrario, contemporizó con los principales afectados y sometió a un trágala a los españoles al nombrar ministra a Ana Mato y defender a un Bárcenas ya bajo la lupa judicial. Y cometió después el desatino de presentar como candidatos a alcalde a personajes tan sospechosos y anacrónicos como Rita Barberá, el machista Javier León de la Riva o Esperanza Aguirre, abrasada por la trama Gürtel. Gasolina para el populismo en aquellos comicios. Pero ni así reaccionó. Convertir a Barberá en senadora y blindarla en la Diputación Permanente ha sido su última provocación incomprensible que, cierta o no, abona la tesis de que Rajoy la protege a ella y a los demás por amiguismo o por temor a lo que puedan revelar. Cualquiera de las dos hipótesis le invalida y exige que dé un paso atrás.
El otro gran responsable del esperpento que vivimos es el PSOE, el mismo que ayer se mostraba sorprendido e indignado por las bravatas de Iglesias, pero que no dudó en aliarse con él para gobernar en ayuntamientos y comunidades. El resultado es que Sánchez está hoy preso de Podemos porque fue él quien condujo a los socialistas a esa ratonera. PP y PSOE tienen todavía la oportunidad de rectificar y de corregir rumbo y liderazgo en unas nuevas elecciones. España necesita que no la desaprovechen.