La depuración


S i la cara es el espejo del alma, a Breogán Rioobo la política le pasó factura en el alma. Compareció Rioboo al día siguiente de ser depurado por el partido del que aún es responsable en Galicia. Dejó claro que no quiere asumir su propia muerte política, lo cual quiere decir que quizás se dispone a morir matando. Rioboo fue víctima del éxito de las coaliciones tripartitas. El líder gallego de Podemos se convirtió en rey sin corona ni territorio. Como sabía que una situación así no puede prolongarse, atacó por el flanco débil de la nueva política: propuso una consulta a las bases sobre la conveniencia o no de ir a la Xunta solos o tripartitos. La respuesta de los suyos ha sido mandarlo al infierno porque, ya lo dijo Pablo Iglesias, «el cielo no se toma por consenso, se toma por asalto». Cuando uno, léase Iglesias o sus alumnos de aquí, sabe perfectamente lo que quiere la gente, cuando uno se arroga día tras día ser la gente, llega un momento en que no hace falta preguntar a la gente. Hacerlo sería redundante, pues la gente son ellos. Ahí tienen el resultado: Rioboo, compuesto y sin despacho (que de eso trata un poco esto), políticamente depurado por expreso deseo de la gente.

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La depuración