Sánchez no es el único culpable de esta negociación a la desesperada en la que está España. Rajoy, ese tío tan alto, se ha pasado con su perfil bajo. Una cosa es mantener una estrategia de perfil bajo y otra es ponerse directamente de perfil para que pasen los toros y los muchachos delante a meterse a correr en el encierro del futuro del país. Los que todavía creen en Rajoy piensan que lo tiene todo calculado. Estaríamos una vez más ante un genio de la política silente, un maestro zen. Este sería su gambito: «Dejo que Sánchez explote de ganas y que negocie el primero para terminar explotando de verdad, porque, con esa tropa de Podemos, no se puede entender nadie. Y luego llego yo, me termino de fumar el puro y o gobierno en minoría o vamos a unas elecciones en las que los electores nos regalarán los diputados de diez en diez, asustados tras presenciar el teatro de negociaciones suicidas de una izquierda exporta en devorarse a sí misma». Lo único malo de este plan pasota de Mariano es si Sánchez lo consigue. Entonces el muerto político es Rajoy. A favor de Rajoy hay que decir que no debe ser nada fácil el insomnio en el palacio de la Moncloa. Pasear por esos pasillos de noche con los espectros de Soraya y de Feijoo susurrándole: «Mariano, deja paso. Deja paso». Y poner la televisión para ver un partido de fútbol y calmarse un poco y ver a ese miniyó del PP, Rivera, repetir: «Nosotros, con otro candidato popular, podíamos estar por la labor, pero con Mariano no».