Un mes de plazo. Como una letra para un piso. Un mes de noviazgo, como una pedida para la boda. ¿Habrá boda? ¿Sabrá Sánchez con su sonrisa postiza de boy scout demasiado animado que va a negociar en la calle de la Estafeta, en el casco de Pamplona? Iglesias y sus muchachos son especialistas. Iglesias ya sale más en televisión que Belén Esteban. Le gustan las ruedas de prensa más que a Alejandro Sanz cuando presenta disco. A mí de los podemitas el que más me entusiasma es Errejón. No es el niño bonito protegido que parecía. Habla claro y es al que mejor se le entiende. Monedero e Iglesias se lo tienen creído, y eso siempre molesta. Y Carolina es una Bescansa. Los de Podemos, decía, son especialistas en negociar hasta el color de la mesa de la negociación. Y discutirán de las sillas de Ikea y hasta del jarrón. Y lo tuitearán todo (hace tiempo que el problema no es el tuteo, es el tuiteo). Van a ser para Sánchez como los toros en San Fermín en estampida por Estafeta, aunque no les gusten los toros (ni a uno ni a los otros). Van a por todas. Sánchez está muy contento, pero no sabe que solo hay que estar contento al final, cuando el pitillo. No se enfrenta a una negociación. Se enfrenta a ese encierro de San Fermín. Lo único que Sánchez tiene claro es que o sale vivo o está muerto. Y eso le da encima una debilidad tremenda para negociar. Todo a una carta. Ahora tenemos un mes más de sobredosis. Estamos en la fase que Casavella definiría como somos invencibles... en el desastre.