El invierno está por venir

Luís Pousa Rodríguez
Luís Pousa FARRAPOS DE GAITA

OPINIÓN

En el calendario decía que ayer era el Día de la Marmota. Y en cierta forma lo fue. El Día de la Marmota es como llamamos a la Candelaria desde que vimos Atrapado en el tiempo, esa peli en la que Bill Murray hace de meteorólogo televisivo secuestrado por un extraño bucle temporal en Punxsutawney, Pensilvania, donde la marmota Phil mide cada 2 de febrero la longitud de su sombra para pronosticar cuánto queda aún de crudo invierno.

Lo de llamar el Día de la Marmota a la Candelaria es como llamar cupcakes a las magdalenas, con esa manía autóctona de dar siempre más bola al producto de importación. Pero mucho antes de que Phil proyectase su alargada sombra en Pensilvania y de que Bill Murray se aprovechase de la moviola para ligar con Andie MacDowell, aquí en la aldea los sabios ya sentenciaban:

-Se a Candelaria chora, o inverno vai fóra. Se a Candelaria ri, o inverno está por vir.

Ayer en La Zarzuela fue un poco el Día de la Marmota, porque el rey tuvo que volver a entrevistarse con Pedro Sánchez por la mañana y con Mariano Rajoy por la tarde. Exactamente igual que hace unos días. Y justo como entonces volvimos a ver a Rajoy haciendo un Bartleby en toda regla, diciéndole a Felipe VI lo mismo que le repetía aquel escribiente de Wall Street a sus superiores cuando le encargaban algún trabajo engorroso en la oficina:

-Preferiría no hacerlo.

De tanto hacer el Bartleby, Rajoy logró el sueño del Bartleby original de Melville: que el rey ni siquiera le propusiese saltar al ruedo de la investidura.

Y así transcurrió nuestro Día de la Marmota al estilo yanqui, atrapados por la nieve en el hotel de Punxsutawney, escribiendo el mismo artículo por séptima vez, enganchados a una rutina que más que de marmota está siendo de rueda de hámster.

Pero como algunos todavía comemos magdalenas en lugar de cupcakes, también olisqueamos que lo de ayer tenía mucho de día de la Candelaria. Por eso el rey abrió el juego y, al designar a Pedro Sánchez, puso en marcha los engranajes para que sepamos de una vez cuánto durará este invierno político que nos tiene congelados en una foto fija desde la noche del 20 de diciembre.

Según repite Pablo Iglesias en esa rueda de prensa perpetua en la que vive instalado, todo esto es una sonrisa del destino que Pedro Sánchez siempre tendrá que agradecerle. Curiosa sonrisa la que le envía a negociar, atado de pies y manos por el comité federal y la militancia, en el flanco neoliberal con Ciudadanos y a mano izquierda con un partido como Podemos, que ya le ha diseñado el Gobierno y que a lo único que aspira es a reducir al PSOE a un espectro del Pasok.

Pero, en fin, admitamos que a la Candelaria más que llorar ayer le dio por sonreír, aunque sea con esa cursi sonrisita del destino que se gastan estos impasibles líderes de la nación cuando dejan el país a la intemperie. Eso, como saben bien en la aldea e incluso en Punxsutawney, significa que el invierno está por venir. Y durará entre cuatro meses y cuatro años. Abríguense.