El hombre objeto


Lo dijo Pedro Sánchez, máster en liderazgo público, cuenta su currículo, después de entrevistarse, ayer, con Felipe VI, pocas horas antes de ser propuesto para formar Gobierno: «He sido objeto de desplantes y arrogancias». Pedro Sánchez, el hombre objeto. De los desplantes y las arrogancias de Pablo Iglesias, de las frustraciones de Rajoy, del baile de la yenka de Rivera. Es Pedro Sánchez también el hombre objeto del PSOE, cuya ese mayúscula es hoy más de Saturno devorando a sus hijos que otra cosa. Pedro Sánchez, paupérrimos noventa escaños, amigo de los flashes, político y, por extensión de la palabra, actor, proclamó ayer tarde, después de recibir la bendición del rey, que va «en serio». Con una sonrisa de oreja a oreja, casi forzada, un poco Pablo Iglesias. Pedro Sánchez, todos los focos y los escrutinios ahora sobre él, llamado a formar Gobierno justo cuando estaba empezando a cuajar la inquietante sensación de que este país se puede gobernar muy bien solo. Y que luego llegan ellos, se llamen Rajoy, Rivera, Iglesias o Sánchez -versión «en serio» o medio en broma, ya se irá viendo- y lo estropean todo. Lo cual, de ser cierto, y sea el destinado a ser presidente más o menos guapo, estaría muy feo.

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El hombre objeto