En estas estamos. Entre La vida de Brian y Amanece, que no es poco. Con Mariano Rajoy cantando Always Look on the Bright Side of Life y el doctor haciéndole su diagnóstico al PP: «Se te está muriendo divinamente, te lo juro. Tenía ganas de que vinieras para poder decírtelo. Puedes estar orgulloso, de verdad. En los años que llevo de médico nunca había visto a nadie morirse tan bien».
Con Susana Díaz y Pablo Iglesias diciéndole al unísono a Pedro Sánchez: «¿Crucifixión? Bien. Pasa la puerta, gira a la izquierda, una cruz por persona». Y el presidenciable, tan pancho.
Con Podemos confundiendo a su líder con Jesucristo en pleno sermón de la montaña e intentando mediar entre su Frente Popular de Judea y su Frente Judaico Popular mientras le atizan a la vieja política: «Bueno, pero aparte del alcantarillado, la sanidad, la enseñanza, el vino, el orden público, la irrigación, las carreteras y los baños públicos, ¿qué han hecho los romanos por nosotros?».
Con el ciudadano Albert Rivera pensando que todos son contingentes pero él es necesario para recomponer todo esto: «Yo podía haber sido una leyenda... O una epopeya si nos juntamos varios».
Con los soberanistas preparados para preguntar por lo suyo, «que quería yo hablarle de Dostoievski».
Y con aquella singular reflexión que sirve de escudo para el que tiende la mano con la manzana de Eva y el que recoge cualquier guante que le lancen a la cara; para el que no tiene nada a que aferrarse y el que se agarra a un clavo ardiendo; para el que vota y el que se rebota: «Hombre, es que el tema del libre albedrío viene aquí pintiparado».