Lo que faltaba. Europol alerta de que no se sabe nada de diez mil niños refugiados llegados a Europa. Una parte puede estar con familiares, pero muchos pueden haber caído en las manos de redes criminales.
La puntilla para el desastre en el que se ha convertido la crisis de refugiados y que tiene a Europa contra las cuerdas. Sigue muriendo gente de hambre en ciudades sirias sitiadas desde hace meses, las conversaciones de paz van para largo y el caos interno en el área se agrava.
Pero no se ven iniciativas serias contra las causas ni contra las consecuencias. Miles de familias desesperadas caen en las manos de mafias que los embarcan en cáscaras de nuez con chalecos salvavidas que no flotan. Grecia se las ve y se las desea para rescatar cadáveres, auxiliar a náufragos exhaustos y alojar a miles de inmigrantes, mientras a la UE solo parece importarle que cumpla con el déficit y los recortes.
La inacción y el caos en la llegada masiva genera temor a que compitan por el trabajo, provoquen problemas de convivencia y vengan terroristas mezclados con las familias que huyen. El miedo da alas a los movimientos xenófobos. Merkel ha pasado de los aplausos a su política de recortes a tambalearse por intentar una política de acogida.
Una Europa siempre lenta de reflejos no acierta a afrontar uno de los problemas más complejos de las últimas décadas. No solo continuará creciendo, mientras siga la inacción, sino que amenaza con acabar con la unión basada en la convivencia en libertad que tanto costó construir, que ha propiciado un largo período de paz y desarrollo. Y que la miopía de quienes quieren reducirla a espacio de negocios amenaza con destruir a corto plazo.