Sobre el «pacto del búnker»

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

El partido Podemos va a hacer un gran papel en esta legislatura, dure lo que dure. Sus diputados consiguieron el primer éxito el primer día con su atuendo, con su bebé, con sus mítines de acatamiento de la Constitución. Aportaron espectáculo, atractivo para las cámaras y hasta peinados nunca vistos en aquel lugar. Por si faltara algo, Pablo Iglesias aportó unas lágrimas que le dieron mucha emoción a los acontecimientos. Podrán haber confundido el Parlamento con un plató de televisión, como se dijo en algún editorial, pero tuvieron arte para hacerlo, y eso forma parte de la buena gestión política.

No puedo dedicar los mismos elogios a los comentarios de sus líderes Iglesias y Errejón, antes y después de la solemne ceremonia, sobre el pacto organizado por Albert Rivera para hacer gobernable el Congreso de los Diputados. Ha sido mucho más que una pataleta infantil, como la calificó Pedro Sánchez. Pablo Iglesias acusó al socialista de haber traicionado y engañado a sus electores. A Albert Rivera le reprochó que se entendía con el partido de la corrupción. Y calificó el acuerdo como la alianza del búnker. La crítica de Errejón fue más profunda: censuró que Ciudadanos y el PSOE le entregaban la llave de la Mesa del Congreso a la derecha, con lo cual nunca saldrían adelante iniciativas molestas para los intereses del mundo conservador.

Ante la trascendencia de esos testimonios para otros posibles pactos, me parece procedente plantear tres interrogantes: ¿es entregarse a la derecha dar la presidencia del Congreso a un diputado socialista, aunque el PSOE tenga 33 escaños menos que el PP? ¿Es extraño o antidemocrático que el partido que ganó las elecciones tenga un representante más que Podemos en la Mesa del Congreso? ¿Dónde está escrito que, si los representantes del PP y Ciudadanos suponen la mayoría de la Mesa, tenga que ser un dominio de la caverna y un no anticipado a toda iniciativa reformista del resto de la Cámara o de cualquier otro partido?

Está claro que Podemos no pretende tanto censurar el pacto como aprovecharlo para otros fines: mostrar la máxima dureza para empezar a negociar la investidura con Pedro Sánchez; ganar la hegemonía de la izquierda frente a un PSOE colaboracionista con el «viejo poder», y colocar a Rivera en la derecha pura y dura, por si hay que ir a las elecciones. Todo es muy hábil, inteligente y legítimo. Pero transmite también la imagen de que Podemos solo entiende como válidos los acuerdos en los que participa y manda; que niega legitimidad a quien tiene más votos simplemente porque no le gusta su ideología, y que detrás de sus críticas se esconde un entendimiento exclusivista del poder. Cuidado, que esas son palabras mayores.