Elegir a un actor


Estoy de acuerdo con quienes han dicho que la pasada campaña electoral ha parecido más destinada a elegir un actor o un candidato al Oscar que un presidente del Gobierno de España. Se mire como se mire, esto ha aparentado ser Hollywood, con sus grandes escenarios y con las actuaciones o representaciones de sus actores, cada uno de ellos con sus tonos, sus gestos, sus vestimentas y, lógicamente, sus programas. Difícil pensar que estábamos eligiendo a un gobernante. Ni siquiera los candidatos acababan de creérselo y quizá por ello intentaban actuar de verdad, es decir, protagonizar una serie que trataba sobre unas elecciones generales en un Estado moderno en unos tiempos de gran debate político y socioeconómico y de gran frenesí en las redes sociales. O así.

Viejos y nuevos actores se la han jugado a la carta de la modernidad tomando parte en una irrefrenable carrera de entrevistas y debates, sin importarles para nada en qué jardines se metían. Lo único relevante era que hubiese mucha gente viéndolos y que, por lo tanto, pudiesen aumentar sus posibilidades de llegar a ser conocidos por los ciudadanos y ciudadanas a los que querían convencer o seducir. Un auténtico torneo. Pero la carrera se nos complicó en el tramo final con unos resultados que no nos permiten percibir al mejor actor para liderar nuestra política. Y aquí estamos: atascados. Rajoy quiere, pero todavía no ha encontrado la manera (porque puede ser que no exista). Pedro Sánchez, aún cercado por los suyos, parece decidido a arriesgar su futuro con una apuesta que puede segmentar su partido y acabar por llevárselo a él por delante. Pablo Iglesias sabe lo que quiere, pero sus escaños han quedado lejos de dar para tanto. Albert Rivera tal vez es el que muestra más sentido común, pero nadie lo está escuchando? todavía. Nuestro país se ha convertido, de la noche a la mañana, en ingobernable, porque todos están más pendientes de su tajada-programa que de nuestros intereses. ¿Quién será el actor que se lleve el gato al agua? Cabría elegir a Rajoy y a Sánchez y que gobernase cada uno dos años. Sería un Gobierno de coalición. Pero ellos creen que se merecen más. Este es el problema. Porque no son actores, sino políticos.

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