Ayer, a la salida de misa de Navidad, escuché comentarios diversos sobre el discurso de Felipe VI. Todos apelaban a la inteligencia de su mensaje de concordia y defensa de la historia y unidad de España. Todos coincidían también en la sencillez de su razón última: un alegato a favor de la Constitución y la convivencia. Resultan más necesarias que nunca sus palabras. Lo afirmo porque parece que habitamos el reino de la confusión, los sofismas o las mentiras convertidas en verdad: territorio en que las redes sociales juegan un papel primordial. En ocasiones, ofensivo y ultrajante.
Digo esto porque, recién rematado el discurso del monarca, la etiqueta «adiós Felipe VI» era tendencia primera en la Red en Nochebuena. Y ayer, con otros identificativos por medio, los comentarios irrespetuosos, resentidos y plenos de rencor seguían pululando entre los seguidores de ese medio de comunicación. Era la «razón única» contra el resto. Incluso la televisión que durante cuatro años ha pintado la España más negra que yo recuerdo (peor que aquella del hambre y la rebelión de las Alpujarras una Nochebuena de 1568) se apuntó también el tanto de la confrontación contra la Casa Real.
En mi paseo navideño topé con un cartel de Podemos, Anova, Esquerda Unida, En Marea (todos lo firmaban) que agradecía a sus votantes el apoyo recibido: «Grazas por votarnos, grazas por crer en nós, grazas por ser valentes, grazas por ser libres». Pensé que el anafórico agradecimiento causaba una inmediata inferencia: los que no nos votaron, no son ni valientes ni libres. Esa es la consigna. Solamente los que apoyan a la formación de Pablo Iglesias lo hacen en libertad. Los otros somos indignos de tal virtud. No solo eso, también inmorales. Es su verdad única. La verdad del grupo político que ha quedado en tercer lugar en las elecciones. El totalitarismo disfrazado. La hostilidad y el desafío al marco legal de convivencia que desde el año 1978 ha catapultado la España actual: la mejor de la historia. Creo que conviene recordarlo. Porque al lado de la verdad de Podemos y los independentistas existen otras muchas. Que la multiplican en papeletas. Votos de hombres y mujeres que ayer ponderaban con admiración el discurso real reconociendo, sensatamente, que fue la cordialidad entre los pueblos y gentes de España lo que proclamó Felipe VI. Darnos la mano y no la espalda. Muy lejos, sin duda, del sectarismo que esconden los postulantes de la «razón única». Por fortuna, no es la de todos.