A nadie le tocó el gordo el domingo. Hubo pedreas para casi todos. Para PP y PSOE, que no cayeron tanto como podían temer. También para Podemos y Ciudadanos, que no llegaron a asaltar el cielo, pero entrarán en el Congreso pisando fuerte.
¿Y a los ciudadanos? Será extremadamente difícil, pero aun podría tocarnos algo más que el reintegro para volver a jugar en unas nuevas elecciones.
Dependerá de cómo demuestren todos los grupos la capacidad de diálogo de que alardean.
Desde la noche del domingo se suceden las combinaciones sobre quienes podrían pactar. Pero lo fundamental sería saber sobre qué pueden hacerlo para garantizar una mínima estabilidad y demostrar que el bienestar de la gente es, como dicen, su principal objetivo.
Si paro y corrupción son las principales preocupaciones de los votantes, un acuerdo con fórmulas concretas para empezar a cerrar las alcantarillas por las que se escurren cada año más de 40.000 millones del dinero de todos sería imprescindible. Y generaría recursos con que alimentar otro pacto encaminado a la creación de empleo digno, que a su vez permitiría frenar el crecimiento de la desigualdad en el que somos campeones de Europa. Y crearía condiciones para que los jóvenes no tengan que buscarse la vida fuera. Una fiscalidad más justa sería otro punto clave para generar nuevos recursos con los que compensar los recortes en sanidad, educación, investigación o dependencia.
Las próximas semanas sabremos si entra alguno de esos premios en el bombo de los partidos, o el largo -e incompleto- párrafo anterior es solo el cántaro de la lechera que siempre se acaba rompiendo.