En la cuneta


Nuevos modelos de gobernabilidad, sustitución del sistema de mayorías por el de grandes consensos: así razonaba ayer Carolina Bescansa, una de las líderes de Podemos, al conocer los primeros datos. La verdad es que sería feliz si algún ser supremo me tocase con su mano y me hiciese sentir su mismo grado de optimismo. Más fácil será que me toque la lotería. Pero toquemos suelo; lo más probable es que lo que recibamos, tanto usted como yo, sea un golpe, un duro soplo de realidad. España se italianiza, esta es la verdad, y por lo tanto es de esperar un nuevo escenario en el que las tomas de decisiones se ralenticen, las transformaciones se pospongan para pasado mañana y el Estado se convierta, más que nunca, en una deseada máquina de poder, en el cazamariposas del voto marginal.

Hoy muchos empresarios habrán paralizado sus planes de inversión, que no pospuesto. Actúan como el que va conduciendo y se encuentra un sólido bloque de niebla. ¿Qué hace? Se tira a la cuneta y espera. Y tenga claro que hacia allí, hacia su cuneta, empiezan a caminar hoy decenas de miles de empresarios. Mientras aguante el combustible dejarán su automóvil encendido, y cuando observen que el depósito apunta hacia líneas rojas, apagarán el coche de tal modo que alguno continuará en él, esperando tiempos que han de llegar, y otros intensificarán un camino bien conocido, el exterior.

Los mercados financieros, nuestros prestamistas, querrán escuchar al detalle cada una de nuestras declaraciones y nuestra política interior volverá a ser centro de atención en las principales plazas financieras internacionales. ¡Otra vez bajo el calor de los focos! ¿Y el empleo? Es una consecuencia de lo anterior, así que ya conocen la respuesta. Urge, por tanto, un escenario que expulse la niebla que hoy se ha apoderado del escenario económico, y ello se conseguirá con un acuerdo de gobernabilidad que pivote sobre dos ejes centrales: la seguridad jurídica, que no debe alterarse ni un milímetro, y las líneas rojas de la agenda económica, que deben ser nítidas y fácilmente valorables. A partir de ahí, y superado este primer reto, toca hacer política económica de crecimiento y esa solo es eficiente cuando tiene carácter inclusivo, es decir, cuando comprende que el país, para alcanzar velocidad de crucero, ha de circular sobre dos ruedas, la del capital humano y la del capital físico o económico. Pinche una de las dos, y el que se quedará en la cuneta no será un empresario, será el país entero.

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