Sánchez perdió el debate


Aristóteles, de haber visto el debate entre Sánchez y Rajoy, le habría otorgado la victoria al popular. Simplemente habría recurrido a uno de sus célebres silogismos para demostrar su argumento: Sánchez y Rajoy debatieron; Sánchez perdió el debate; luego Rajoy lo ganó. Y siguiendo con los griegos, en absoluto el gallego actuó en plan Demóstenes. Para nada estuvo brillante. Su actuación fue más bien floja, limitándose a encajar los golpes de un desnortado secretario general de los socialistas, y a hacerse el ofendido ante los insultos personales del al final no rescatado, sino todo lo contrario, soldado Sánchez. Pero le salió bien. El yerno perfecto resultó no serlo tanto, y tan decidido salió a morir matando que a la postre se hundió irremisiblemente, dejando al presidente vivito y coleando. ¿Cómo se puede aspirar a gobernar España y ser tan torpe? Si estaba absolutamente convencido de que esa era la forma de derrotar a Rajoy, tenía que llevar en su maletín datos rigurosos, contundentes y contrastables, y no limitarse a basar su discurso en el SMS dirigido a Bárcenas, y en la carta de su ya célebre vecina. Se olvidó de lo mucho que tiene que callar el PSOE en temas de corrupción, y por ello, entre otras muchas razones, perdió el debate.

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