Por mucho que voces autorizadas del islam, como el intelectual Tahar Ben Jelloun, lo intenten es muy difícil combatir imágenes como la de occidentales metidos en jaulas y quemados en directo. Los fanáticos del Estado Islámico lo saben. Ben Jelloun no para de repetir en algunos de sus libros que hay otro islam, aparte del que da miedo. Un islam que en Túnez, por ejemplo, llegó a votar en su día una Constitución revolucionaria, «única en el mundo árabe y musulmán, puesto que concedía la libertad de conciencia, además de la igualdad de derechos al hombre y a la mujer». Pero fue un episodio aislado. Lo normal es caer en lo que los ingleses llaman delito de odio. Lo normal ante las atrocidades que presenciamos en Occidente. El problema es que las atrocidades no las presenciamos solo en Occidente. Recuerda Ben Jelloun que, según cifras de la ONU, en el verano del 2014 murieron en los combates de Gaza 2.104 palestinos por 71 judíos. Ben Jelloun dice que los radicales utilizan esa información y la potencia de Internet para ganar adeptos. Muy a pesar de que explica que la raíz de la palabra islam es paz. Y a pesar de que también de forma increíble yihad significa en el Corán: «Suministrar el mayor esfuerzo posible, en el sentido de superación de uno mismo, de búsqueda espiritual, de resistencia contra las tentaciones nefastas». Fue muy posterior el uso bélico de ese entregarse de la yihad. Llegó, cómo no, con una guerra: la de los musulmanes contra los bizantinos.