No se llama Estado Islámico, sino Raqa

Mario Cuesta LÍNEA ABIERTA

OPINIÓN

Un grupo de ciudadanos franceses y belgas han perpetrado un horrible crimen contra sus conciudadanos. Al día siguiente eran los sirios de Raqa quienes pagaban por la matanza. Hemos olvidado que el ISIS es un grupo armado que conquistó una región y convirtió a sus habitantes en rehenes. Francia ha bombardeado la capital del Estado Islámico, matizando que solo ha hecho blanco en objetivos militares, como si la población civil no estuviese padeciendo las bombas. La realidad es que la ciudad ya carece de suministro eléctrico, agua y puentes. Desde el 2012 los habitantes de esa región han sufrido los combates entre el Ejército sirio y la oposición armada, la tiranía del ISIS, los bombardeos rusos y ahora los franceses.

Resulta irónico que los europeos alerten de que entre los refugiados pueden venir terroristas islámicos, cuando la realidad es que es Europa quien lleva cuatro años exportando varios miles de yihadistas franceses, belgas, españoles o ingleses, a Siria. El cuñado de un amigo mío de Hasaka (también bajo dominio del ISIS), fue azotado públicamente por un alemán y un yemení, porque su mujer no llevaba el velo que ellos consideran adecuado. La semana pasada su pueblo fue arrasado por los enfrentamientos entre los yihadistas y las Fuerzas Democráticas Sirias.

A veces la solución más eficaz no es la más evidente. El Estado Islámico pudo establecerse porque la guerra civil siria y la incompetencia del Gobierno filoamericano de Irak creó un vacío de poder que Al Qaida supo aprovechar; cambió de nombre, pero no de objetivos. El ISIS solo puede medrar en un escenario bélico. En otro caso se puede asfixiar su financiación, el suministro de armas y la llegada de nuevos militantes. Por eso no se necesitan más bombas, sino desmilitarizar el conflicto sirio. Rusia e Irán arman al régimen de Al Assad, cuyos bombardeos crean radicales a diario. Turquía ha mantenido sus fronteras abiertas para el comercio y el traslado de los yihadistas, e incluso tenía como principal aliado en Siria a una rama de Al Qaida. Desde los atentados de las Torres Gemelas, las investigaciones señalan a Arabia Saudí como un país que hace la vista gorda con el yihadismo internacional, pero lejos de aislarla y asediarla con sanciones, somos sus aliados incondicionales.

No serán las bombas las que traigan el fin del Estado Islámico, sino la paz en Siria. Pero no nos equivoquemos; eso no acabará con el terrorismo internacional, pues para este, el Estado Islámico es solo una anécdota. Los ciudadanos franceses, como los sirios, se merecen que los líderes mundiales se dejen de declaraciones de opereta y guerras inútiles y acaben de una vez con el extremismo, del que hace tiempo se conocen sus fuentes de financiación y sus estrategias. Nadie comparte el dolor de las víctimas de Francia con más cercanía que los habitantes de Raqa, esa región milenaria, hoy devastada, que los terroristas autodenominan, desde hace poco más de un año, el Estado Islámico.

Mario Cuesta es escritor y periodista.