Un precio muy elevado


Vayamos haciéndonos a la idea de que nos van a crujir con más recortes. No Rajoy o Montoro, que ellos ya hicieron su trabajo; los que se nos avecinan son recortes a nuestras libertades individuales. Otra vuelta de tuerca tras los que ya padecimos por el 11S y que hoy parecen imposibles de recuperar. Es lo que buscan y lo que logran quienes invocan a Alá mientras siegan cientos de vidas.

El primer día que un agente de control de aeropuerto me dijo que me deshiciera del cinturón del pantalón, entendí que me estaba tirando los tejos y que quería ver cómo lucía en ropa interior. Esto fue anteayer, como quien dice. Y hoy ya me exhibo haciendo equilibrio, con el cinturón en una mano, el ordenador en la otra y los pantalones a punto de irse al suelo, con absoluta naturalidad, mientras al lado una señora, con la misma naturalidad, se descalza, se quita los collares y demás abalorios como una estríper a punto de iniciar su actuación. Hemos retrocedido y entregamos parte de nuestras conquistas en aras de la seguridad. Y lo que se nos avecina no es más que otra oleada de recortes. Controles más severos en los desplazamientos, en la libertad expresión, en las comunicaciones, en Internet, en los registros y en el discurrir diario. Es lo que logran estos asesinos despiadados cada vez que se inmolan; que junto a sus despreciables vidas vuele también, además de inocentes, parte de nuestra libertad.

No nos van a ganar, eso lo sabemos, pero nos hacen pagar un precio muy elevado. Decía mi admirado Cela que «la libertad es una sensación. A veces puede alcanzarse encerrado en una jaula, como un pájaro». Y hacia ahí parece que nos encaminamos.  

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