Vamos mejorando


Llevamos meses viviendo en Cataluña, instalados entre el Parlament y el piso de papá Pujol, y cada día que pasa tenemos menos claro el futuro. Sabemos, eso sí, cómo y por qué llegamos hasta aquí; hasta este escenario de insensatez y mesianismo, pero el mañana se nos antoja más complicado de lo que nos lo quieren pintar.

Porque ahora resulta que nos enteramos que estamos en manos, y el futuro territorial de España parece ser que también, de la CUP, que son unos chicos guapísimos, elegantísimos y listísimos, pero que han llegado ahí con el respaldo de 336.375 votos, que vienen a ser algo así como bastantes menos que los espectadores que vieron el musical de Los Miserables. Para que nos hagamos una idea y sin ánimo de molestar por el título de la obra.

Y es que el presidente visionario, instalado en la loable labor de conducir a su pueblo hacia la libertad absoluta, se ha rendido a los encantos de los cuperos y aguarda impaciente una respuesta como muchos aguardaríamos un sí de Michelle Pfeiffer a nuestras inconfesables propuestas.

Hace ya tiempo que el análisis y estudio del independentismo catalán y sus protagonistas ha dejado de ser cosa de politólogos y analistas para pasar a manos de neurólogos y psiquiatras. Y lo estamos viendo cada mañana. Ayer mismo con la ansiedad de Mas por recibir un sí del último partido que obtuvo representación el 27S, el sexto, y que es el que ahora va a decidir el futuro. Así que vamos mejorando. Todo esto se lo cuentas a alguien que acaba de caer del espacio y cree que nos hemos vuelto locos. Que lo mismo.

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