Y eso que eran doce


Deberíamos de darnos un poco más de prisa, porque a este ritmo el fin del mundo nos sorprenderá en Barajas recibiendo a otra docena de refugiados. Cierto es que las recepciones las hacemos muy vistosas y muy coloristas, pero de docena en docena, sin darnos prisa, que tampoco es tan urgente.

El recibimiento fue de los llamativos, de los que se organizan para que el mundo se entere de que tenemos invitados. Y por el que les dimos podría parecer que hubiesen llegado los 16.000 que nos asignó la Comisión Europea, pero solo eran doce. Ni tan siquiera ciento doce. Doce, como un equipo de fútbol de la liga provincial con su entrenador al frente.

Pero esa docena de refugiados que llegaron a España esta semana no tendrán queja porque fueron recibidos con gran pompa y foguetería. Los aguardaban el secretario de Estado de Seguridad y la secretaria general de Inmigración y Emigración, policías, decenas y decenas de periodistas, cámaras y fotógrafos, auxiliares, miembros de oenegés y ociosos en general; un comité de recepción de 80 miembros para hacer visible nuestra extraordinaria generosidad para con los que huyen de la guerra y la miseria.

De esa solidaridad dan idea dos hechos: España rechaza el 57 % de las solicitudes de protección internacional y acumulamos, según Eurostat, 12.000 expedientes sin resolver. Los 12.000 es que son bastantes, pero si fuesen 12 ya los habíamos aceptado, recibido y homenajeado en el aeropuerto como acabamos de hacer, en una demostración evidente de hospitalidad desinteresada. Faltaron los gigantes y cabezudos. Por lo demás, allí estaban todos para recibir a doce.

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Y eso que eran doce