Riesgos para la salud


Médico y economista

Estamos entrando en la época de la medicina personalizada. Aparecen incluso nuevos conceptos como el de medicina de precisión. Todo ello implica el reconocimiento de la variabilidad de las condiciones, intrínsecas y extrínsecas, de la gente -por sus genes, por su estilo de vida, por su entorno físico y social, etcétera- y su repercusión en la respuesta a cualquier modalidad de tratamiento médico. Hasta ahora, lo que se puede esperar de una intervención médica o de una medida preventiva se sostiene sobre datos medios, lo que sin duda tiene su utilidad pero es muy impreciso ante un paciente concreto. Este estado de cosas puede cambiar en poco tiempo si se empiezan a obtener, analizar e interpretar grandes bases de datos personales con todas las variables antes citadas.

Lo mismo sucede con los riesgos derivados de la alimentación. En este caso corregido y aumentado (como con todo lo que se refiere a estilos de vida) porque el mismo riesgo estadístico, incluso «personalizado», es ponderado de manera distinta por cada individuo en función tanto de sus valores personales como de la situación de partida en que se encuentre.

Alrededor del riesgo medio estimado hay una enorme variabilidad. Individuos genéticamente predispuestos a desarrollar una enfermedad pueden ver su riesgo multiplicado por la incidencia del ambiente. Por el contrario, personas con una genética diferente y, digamos, con un estilo de vida particularmente saludable, confrontan un riesgo menor frente al impacto de un factor específico (por ejemplo, la carne roja, que se ha puesto de moda).

La edad también importa, como es evidente. Se pueden poner muchos más ejemplos y todo ello colmaría de matices cualquier aseveración. Vivir -alimentarse y respirar- es de por sí un factor de riesgo, de manera que vivir más años complica las cosas. Es bueno que las organizaciones sanitarias, nacionales e internacionales, informen de todos los peligros, ordenados, si se desea, por su letalidad potencial. Es incluso deseable que se lleven a cabo políticas incentivadoras o desincentivadoras para promover comportamientos saludables y dificultar los que no lo son (lo que además permitiría reducir la presión sobre los sistemas sanitarios). Pero no es conveniente que la información se dé fraccionada, porque se le puede atribuir un peso desproporcionado a la última noticia, sin que ello suponga ningún beneficio. Lo nuevo hay que ponerlo en el contexto de lo que ya se sabe para que pueda integrarse de manera equilibrada en la percepción de la gente.

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